Lunes, 07 Febrero 2011 17:43

Una Alternativa Latinoamericana: Yasuní-ITT Destacado

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Este artículo es un extracto del nuevo libro, ‘Cambio Climático: Negociaciones y Consecuencias para América Latina’. Haz un clic aquí para leer el libro completo. En 2007, el gobierno de Ecuador comenzó a considerar la propuesta de dejar sin explotar el petróleo en distintas áreas en el Parque Nacional Yasuní. La iniciativa rápidamente cobró notoriedad, ya que aparecía como una de las más novedosas y prometedoras propuestas para contribuir a la mitigación el cambio climático, la conservación de los bosques tropicales amazónicos y la protección de los pueblos originarios que los habitan. Esta es una iniciativa innovadora y está llamada a inspirar fórmulas futuras que superen los márgenes de los acuerdos actuales para el combate del cambio climático. Por lo tanto, es necesario analizar los vínculos existentes entre esta propuesta de dejar sin explotar el petróleo en el Parque Nacional Yasuní, y los acuerdos internacionales establecidos en la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC)  y el Protocolo de Kioto  así como las negociaciones actuales en curso. Con este fin se ofrece en los párrafos que siguen, una revisión de los aspectos principales de la Iniciativa Yasuní – ITT y los asuntos que la separan o la unen a la CMNUCC, de manera de contribuir a acercar este tipo de propuestas a los futuros acuerdos y negociaciones multilaterales. En el presente análisis no se pretende abarcar todos los aspectos, y en toda su amplitud y profundidad, sino que se apunta a contribuir a identificar algunos elementos que deberían ser incluidos en la estructura formal de la CMNUCC para viabilizar la elegibilidad de esta iniciativa u otras similares.
Breve descripción de la Iniciativa Yasuní – ITT La idea de mantener en tierra sin explotar el petróleo del área del Parque Nacional Yasuní  fue formalmente presentada por el Ministerio de Energía y Minas de Ecuador en 2007. Si bien existían antecedentes para esta propuesta promovidos particularmente por la sociedad civil, en aquella ocasión logró despertar el respaldo gubernamental. La iniciativa es conocida como Yasuní – ITT, en referencia al corredor de bloques petroleros de Ishpingo, Tambococha y Tiputini, dentro de la zona del Parque Yasuní. El compromiso es no explotar esas reservas (846 millones de barriles), a cambio de recibir una retribución internacional equivalente a la mitad del valor comercial de la explotación del crudo. De esta manera se evitarían los impactos sociales derivados de la explotación petrolera dentro de un ecosistema frágil en el que habitan pueblos originarios, algunos de ellos “no contactados”.  El Parque Nacional Yasuní es considerado uno de los lugares de mayor biodiversidad del planeta y alcanza una superficie de 982 mil hectáreas. A través de esta iniciativa el gobierno ecuatoriano se propone contribuir al esfuerzo global de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, a la vez de proteger este ecosistema único y los pueblos que la habitan. Finalmente, luego de varios meses de negociaciones, el 2 de agosto de 2010 el gobierno del Ecuador y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo firmaron un acuerdo que crea el Fondo de  Fideicomiso para la iniciativa Yasuní-ITT. El mismo permite que países y particulares puedan contribuir con recursos financieros dando inicio formal a la propuesta. Con estos recursos Ecuador ejecutará una serie de proyectos orientados a conservar los bosques, promover las energías renovables atender objetivos sociales, entre otros. Sobre la arquitectura financiera Una diferencia sustancial que presenta la Iniciativa Yasuní - ITT respecto a los mecanismos financieros  para combatir el cambio climático en el marco de la CMNUCC -existentes o en debate- es la idea de crear un fondo fiduciario internacional. A diferencia de los procedimientos actuales que están orientados a financiar proyectos o actividades específicas (ya sea a través del mercado o de fondos especiales), ese Fondo de Fideicomiso está destinado a generar intereses a perpetuidad. La propuesta ecuatoriana define también como serán devueltos estos fondos o inversiones en caso que en el futuro el estado ecuatoriano incumpla su compromiso. Sin embargo, la iniciativa no aclara como compensaría a la comunidad internacional por la no permanencia de la reducción de emisiones comprometida, pero esto se tratará más adelante. Los aportes al Fondo de Fideicomiso internacional para el mantenimiento bajo tierra de las reservas del campo ITT provendrán de tres fuentes: a) contribuciones provenientes de gobiernos, entidades intergubernamentales, organizaciones no gubernamentales, fundaciones, etc. b) contribuciones del público en general a través de eventos de levantamiento de fondos y c) ingresos provenientes de la venta de CGYs (Certificados de Garantía Yasuní) por parte del Gobierno hacia entidades públicas y privadas a cambio de mitigar las emisiones que ocurrirían si se explotara el área del Yasuní El Fondo de Fideicomiso está abierto a recibir recursos de distintos donantes y de diferentes magnitudes. Para contribuciones que superen un cierto monto (a definir por el Comité de Dirección) el gobierno emitirá CGYs –cotizadas al valor de la tonelada de CO2 en el mercado europeo- por el total en dólares de los aportes recibidos. En caso que por alguna razón el gobierno ecuatoriano cambie su decisión y comience a explotar el crudo del ITT, devolverá a cada contribuyente el valor correspondiente a las CGYs en poder de cada uno de ellos. A estos efectos, los CGY cumplen su rol de garantizar el compromiso financiero adquirido. Sin embargo, el papel asignado a los CGY es diferente cuando se los identifica como un instrumento similar a los certificados de carbono comercializables en el mercado internacional bajo el Protocolo de Kioto. A diferencia de lo que ocurre con las “contribuciones”, los recursos provenientes de la venta de certificados de reducción de emisiones en el mercado de carbono están necesariamente asociados a permisos de emisión para el comprador. Algunas implicancias de esta diferencia se verán más adelante. Un punto que no considera la arquitectura financiera del fideicomiso es la condición de adicionalidad de los fondos. Para el caso de las contribuciones de los gobiernos de los países desarrollados, sería conveniente establecer algún mecanismo para asegurar que estos fondos sean adicionales a los ODA (Overseas Development Assistance), es decir, a los fondos de cooperación internacional tradicionales. Esto es importante pues en caso contario puede suceder que la iniciativa no reciba nuevos fondos sino que se produzca un traslado de financiamiento ya comprometido a los países en desarrollo para otros fines. La iniciativa en el marco del mercado de carbono La propuesta ecuatoriana reconoce que esta iniciativa no se adecua completamente a los lineamientos que gobiernan el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), aunque algunas de sus actividades sí podrían hacerlo. No obstante, si entre sus fuentes de financiamiento se encuentran los mecanismos de mercado es imprescindible analizar cuáles son las diferencias para identificar como deberían ser los futuros instrumentos que pudieran llegar a contemplarla. Como ya se indicó antes, una de las primeras barreras con la que se encuentra la iniciativa es que los mecanismos de transferencia de recursos en el marco de la Convención sobre Cambio Climático, y el MDL entre ellos, no contemplan fondos de fideicomiso. Suponiendo que esta barrera fuera levantada, aún quedan otros aspectos a incluir para habilitar que la Iniciativa Yasuní – ITT pueda ser elegible en este mecanismo o alguno similar. El MDL fue creado por el Protocolo de Kioto y tiene como objetivo “ayudar a las Partes no incluidas en el anexo I a lograr un desarrollo sostenible y contribuir al objetivo último de la Convención, así como ayudar a las Partes incluidas en el anexo I a dar cumplimiento a sus compromisos cuantificados de limitación y reducción de las emisiones” (PK, art. 12.2).  De acuerdo al inciso quinto del mismo artículo, la reducción de emisiones lograda por este mecanismo debe demostrar “…b) Unos beneficios reales, mensurables y a largo plazo en relación con la mitigación del cambio climático; y c) Reducciones de las emisiones que sean adicionales a las que se producirían en ausencia de la actividad de proyecto certificada.” (PK, art. 12.5). En virtud de lo anterior, para ser elegible en el marco del MDL la Iniciativa Yasuní - ITT debería, entre otras cosas:
  • Lograr una reducción de emisiones en Ecuador (el mecanismo acredita la reducción en el país donde se produce)
  • Que dicha reducción de emisiones sea medible,
  • Que pueda comprobarse fehacientemente
  • Debe demostrar que la reducción no se hubiera producido en ausencia del proyecto
La propuesta Yasuní - ITT tiene entre sus fundamentos, evitar las emisiones que se producirían si el petróleo fuera extraído y utilizado como combustible. De acuerdo a los procedimientos aprobados por la Junta Ejecutiva del MDL, los proyectos elegibles deben estimar una “línea de base” que defina las condiciones “en ausencia del proyecto” y las emisiones que en esa situación se provocarían. Esto implica definir dónde y cuándo estas emisiones se producirían y por qué la Iniciativa Yasuní - ITT las evitaría. En este sentido la iniciativa puede asegurar que el petróleo no sea extraído, pero no puede asegurar (ni tampoco se lo propone) que “en ausencia del proyecto”: 1) El petróleo sería utilizado como combustible en un cierto período determinado 2) El combustible sería consumido en Ecuador 3) El petróleo que no se consume en virtud de la Iniciativa Yasuní - ITT no es sustituido por otro petróleo obtenido de otra fuente. Con relación al punto (1), la Iniciativa Yasuní - ITT no puede asegurar el período dentro del cual el petróleo sería consumido. Esto es un aspecto esencial en el marco del PK para establecer en qué período de compromiso (o al menos a partir de cuál) debe ser asignada esa reducción luego de ser verificada. Hasta ahora solo se tiene certeza del primer período de compromiso (2008-2012), y se debate cuál sería el intervalo del siguiente período (podría ser 2013-2017 ó 2013-2020 de acuerdo al estado actual de las negociaciones).  Pero en cualquier caso es bastante probable que el PK vaya a contar con sucesivos períodos de compromiso y la “línea de base” de la Iniciativa Yasuní - ITT debería asegurar que el combustible obtenido del procesamiento del petróleo contenido en su subsuelo hubiera sido consumido en alguno de ellos. Esta es la única manera –de acuerdo a las reglas actuales- por la cual una Entidad Operacional Designada podría certificar una reducción de emisiones y expedir un certificado que pueda ser comercializado en el mercado de carbono. Claramente esto no puede ser asegurado por la Iniciativa Yasuní - ITT por dos razones principales: En primer lugar, no puede asegurar que el petróleo vaya a ser utilizado para fabricar combustible y no con otro fin (petroquímica por ejemplo), y en segundo término  no es posible determinar quien adquirirá el petróleo, en qué período sería refinado ni en qué momento sería consumido. Respecto al punto (2), la Propuesta Yasuní no puede asegurar que el petróleo contenido en su subsuelo iría a ser consumido en Ecuador. Es más, de acuerdo a los fundamentos expuestos por sus promotores, la “línea de base” del proyecto indicaría que el petróleo tendría por destino la exportación, razón por la cual no sería Ecuador el país de acreditación de las reducciones sino aquél en el cual se irían a originar las emisiones “en ausencia del proyecto”. Con respecto al punto (3), la Iniciativa Yasuní - ITT adolece de un problema similar a lo que se ha definido como “fugas” (leakage) en el caso de la reducción de emisiones por conservación de bosques (REDD). Esto es, cómo asegurar que las emisiones evitadas por la no combustión del petróleo del ITT no son realizadas de todas formas por la combustión de petróleo obtenido de otros yacimientos. En una eventual “línea de base” de la Iniciativa Yasuní - ITT, esta debería determinar –como vimos antes- que cierta cantidad de petróleo sería consumido en un cierto período en determinado país (supongamos un país “X”). Pero el retiro del mercado de los 846 millones de barriles de petróleo de los campos ITT no aseguran que el país “X” no vaya a adquirir ese petróleo en otro lugar. Considerando que hay 1,5 billones (1012) de barriles de petróleo disponibles en el mundo, y que en los próximos 20 años se irán a consumir unos 700 mil millones de barriles (World Energy Outlook/IEA, 2009) es imposible asegurar que el país “X” no irá a comprar petróleo de otro yacimiento, y como consecuencia, las emisiones que se pretende evitar con la Iniciativa Yasuní - ITT de todos modos se produzcan. La Iniciativa Yasuní – ITT reconoce este problema e interpreta que en el largo plazo la reducción de emisiones de CO2 es real, porque el petróleo es un recurso natural no renovable y por tanto finito. Las estimaciones sobre las reservas mundiales de petróleo pronostican que, al ritmo actual de extracción, la producción mundial de petróleo durará únicamente 40 años. En este plazo, argumenta la iniciativa, la no extracción de reservas petroleras es una contribución neta. Sin embargo este razonamiento no es correcto. Para mantener los nieles de concentración de CO2 por debajo de las 450 ppm y el aumento de la temperatura media por debajo de los 2 ºC respecto de la era pre-industrial (objetivo de mínima de la CMNUCC), es imprescindible que no se llegue a consumir el total de las reservas de conocidas de petróleo. El presupuesto de carbono para todo el siglo XXI es de 1.470 Gt CO2 (Informe Desarrollo Humano, PNUD, 2007) y las reservas de petróleo contienen potenciales emisiones por 2.700 Gt CO2 (Informe Stern, 2007). Es decir, siempre habrá un remanente de petróleo no explotado en un escenario de mitigación del cambio climático. Por lo tanto, en cualquier caso, el petróleo que no se extraiga de ITT puede potencialmente ser sustituido por otro. La única manera de hacer del petróleo un recurso verdaderamente finito en un contexto de mitigación del cambio climático, y en el cual propuestas como la Iniciativa Yasuní - ITT puedan efectivamente reducir emisiones, es la existencia de un “presupuesto global de petróleo” que establezca un límite mundial al uso de las reservas existentes. Este razonamiento debería incluso ser extendido al resto de los combustibles fósiles, ya que tanto el gas natural como el carbón pueden ser sustituto del petróleo para varios de sus usos. De manera que la posibilidad de “fugas” es aún mayor y quizá haya que proponerse un “presupuesto global de hidrocarburos” para garantizar que la no explotación de un yacimiento significa una efectiva reducción de emisiones. La iniciativa en el marco de las NAMAs La tendencia creciente de las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de los países en desarrollo ha derivado en la discusión y búsqueda de alternativas que comprometan a estos países en el esfuerzo de mitigación. La Convención sobre Cambio Climático ha incluido desde la COP 13, que tuvo lugar en Bali, las Acciones de Mitigación Apropiadas al País (NAMAs   por su sigla en inglés) como un mecanismo posible para que los países en desarrollo adopten medidas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Este formato está aún en debate, como se vio en los capítulos anteriores, pero apunta a que los países no Anexo 1 puedan registrar actividades, medidas y programas de reducción de emisiones y recibir apoyo financiero internacional para viabilizar su ejecución. La Iniciativa Yasuní - ITT incluye un compromiso de aplicación de los recursos del Fondo Fiduciario a ciertos objetivos que, como la propia iniciativa establece, suponen actividades que ya pueden ser elegibles en el marco de las futuras NAMAs. Entre ellas: 1. Prevenir la deforestación y conservar los ecosistemas 2. Reforestación, aforestación y regeneración natural de bosques 3. Aumento de las energías renovables y de la eficiencia energética. Es decir que, estas actividades no requerirían de una Iniciativa Yasuní - ITT para desarrollarse sino que ya se podrían implementar en el marco de los mecanismos actuales o en negociación. Sin embargo, en virtud de la experiencia adquirida, se sabe que la existencia del mercado de carbono (y probablemente de los futuros fondos para NAMAs a implementarse), no garantiza la aprobación de los proyectos pues estos están sometidos a la oferta y la demanda. No obstante en el marco de las actuales negociaciones se han establecido algunas posibles medidas para dar prioridad a ciertos proyectos o a ciertos países. Por ejemplo, la presencia de co-beneficios demostrables en materia ambiental, social, etc. o aplicar factores de multiplicación para países menos desarrollados. En este mismo sentido se podría proponer que países que se encuentren en situaciones como las de Ecuador (megadiversos con yacimientos de petróleo en áreas de alta sensibilidad ecológica o cultural), y que se comprometan a utilizar los fondos en proyectos como los tres listados anteriormente, podrían tener un trato preferencial en el marco de los mecanismos de mercado o de las NAMAs. De esta forma podría darse mayores probabilidades de elegibilidad a este tipo de propuesta. La iniciativa en el marco de REDD La deforestación es una importante fuente de emisiones de CO2 a la atmósfera y es particularmente significativa en América Latina como se vio anteriormente. Evitar las emisiones que provoca la deforestación es un objetivo clave para la mitigación del cambio climático pero además tiene impactos positivos colaterales que hacen muy atractiva la incorporación de la conservación de los bosques entre las actividades elegibles para reducir emisiones. Tanto la Convención sobre Cambio Climático, como el Protocolo de Kioto, reconocen la importancia de la conservación de los sumideros y depósitos de carbono y particularmente de los bosques. No obstante, en vistas de las dificultades metodológicas y diferencias políticas aparecidas durante la discusión del Protocolo de Kioto y los posteriores acuerdos de Marrakech,  dentro del MDL solo se permiten las actividades de forestación y reforestación quedando excluidas las de conservación de bosques.  Las negociaciones actualmente en curso han vuelto a poner sobre la mesa la discusión en torno a este tema bajo el formato de REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques). Las actividades REDD están aún en debate. No obstante puede adelantarse que podrán ser elegibles bajo esta fórmula aquellas actividades que eviten las emisiones derivadas de la deforestación. En este sentido, parte de la propuesta Yasuní – ITT (aquella que tiene que ver con evitar el deterioro de los bosques), se adecua perfectamente a las características y requerimientos aplicables a esta nueva fórmula. Independientemente de las regulaciones finales (si estas actividades generarán créditos comercializables dentro del MDL o fuera de él, o si serán pasibles de aplicar a fondos específicos con este fin), la propuesta Yasuní - ITT se ajusta  cabalmente a los objetivos de este mecanismo. No obstante ello, el enfoque REDD está orientado al financiamiento de proyectos o actividades específicas (al igual que toda la arquitectura financiera actual como se expresó anteriormente) y debería introducirse alguna figura especial para el caso de que los recursos vayan a ser destinados a un fondo como el que propone la Iniciativa Yasuní - ITT. Hay que destacar además que en este caso la conservación del crudo bajo tierra no tiene ninguna relación con este mecanismo y consecuentemente no generaría ningún beneficio ni reconocimiento adicional. La iniciativa en el marco de la compensación por los “Efectos Adversos a las Medidas de Respuesta” La Convención de Cambio Climático establece en su artículo 4.8 que los países deben tener en cuenta las “medidas relacionadas con la financiación, los seguros y la transferencia de tecnología, para atender a las necesidades y preocupaciones específicas de las Partes que son países en desarrollo derivadas de los efectos adversos del cambio climático o del impacto de la aplicación de medidas de respuesta” Este inciso está especialmente dirigido a tener en cuenta a los países más vulnerables a la hora de atender sus necesidades en materia de adaptación y desarrollo, y la consecuente transferencia de recursos por parte de las naciones industrializadas. No obstante, en su apartado (h), establece que serán atendidos especialmente los “países cuyas economías dependen en gran medida de los ingresos generados por la producción, el procesamiento y la exportación de combustibles fósiles y productos asociados de energía intensiva, o de su consumo”. Esto claramente otorga a los países petroleros como Ecuador, el derecho a exigir una compensación por los impactos en sus economías de las medidas de combate al cambio climático que supongan una limitación global al consumo de petróleo. Esta es además la posición oficial de Ecuador, que en su propuesta enviada a la Convención en abril del 2009 establece: “Los países en desarrollo, cuya economía depende esencialmente de la exportación y producción de combustibles fósiles, están bajo los impactos directos e indirectos de las medidas de respuesta de los países desarrollados. Estos países requieren un apoyo directo para enfrentar los impactos sociales, ambientales económicos presentes y futuros por ejemplo en temas de diversificación económica.” Desde esta perspectiva, si bien aún no hay decisiones específicas al respecto, la Iniciativa Yasuní - ITT puede ser un primer ejemplo de alguna futura metodología o mecanismo a establecer para poner en práctica las previsiones de estos apartados de la Convención. Medición, reporte y verificación - MRV Dentro de lo que en las negociaciones actuales se identifica bajo la general definición de NAMAs, se establece que las actividades bajo este formato deberán ser medibles, reportables y verificables (MRV). Esto quiere decir que las actividades (aún se discute si todas o algunas) que los países registren en Naciones Unidas en el nuevo marco de las NAMAs  estarían sujetas a un monitoreo y control de resultados internacional. Estas actividades están dirigidas a reducir las emisiones esperadas en los países no Anexo 1 y recibirán apoyo financiero de las partes del Anexo 1 en virtud de los compromisos establecidos en la Convención. Las formas y procedimientos específicos que adoptarán tanto las NAMAs como la condición MRV, aún está sin resolver; pero se espera que al menos las actividades que reciban financiamiento externo deberán ser registradas de manera que puedan ser monitoreadas y comprobadas internacionalmente. En este sentido la propuesta Yasuní ITT incluye un compromiso de transparencia en su ejecución que se adecua al espíritu de los requerimientos MRV. Conclusiones En virtud del breve análisis desarrollado en este capítulo puede verse que, si bien la Iniciativa Yasuní – ITT presenta diferencias de enfoque y procedimientos con relación a los marcos jurídicos y reglamentarios actuales de la Convención sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, de todos modos contiene varios elementos que permiten una vinculación más estrecha. Los mismos deben ser profundizados e introducidos en las futuras mesas de negociación a fin de hacerla viable y compatible con las estructuras legales vigentes. Una de las diferencias  más notorias es la creación de un Fondo de Fideicomiso a partir de los recursos financieros obtenidos de la cooperación internacional o contribuciones privadas. Esto no está previsto en la legalidad actual de la CMNUCC y es uno de los obstáculos principales con los que se encuentra la iniciativa. Una segunda diferencia importante es el carácter de los CGY (Certificados de Garantía Yasuní), como garantía financiera para los donantes, respecto de los CERs (Reducción de Emisiones Certificadas por sus siglas en inglés) prevista en el MDL. Estos últimos procuran garantizar, no ya la inversión, sino la efectiva reducción de las emisiones. En este sentido, en tanto no exista un límite global a la explotación petróleo (y eventualmente de todos los combustibles fósiles) la sola permanencia del crudo en el subsuelo no puede garantizar la reducción de emisiones. Sin embargo, a pesar de lo anterior, pueden anotarse algunas similitudes. En primer lugar, la mayoría de las actividades que se propone realizar Ecuador a partir de los recursos obtenidos del Fondo Fiduciario, son actividades elegibles, tanto bajo el MDL (ya existente) como de las NAMAs (en discusión). Asimismo uno de los principales objetivos de la iniciativa –conservar el Parque Nacional Yasuní- se adecua perfectamente a los requerimientos del enfoque REDD que tiene grandes posibilidades de ser aprobado en la presente ronda de negociaciones. Finalmente, la proposición ecuatoriana admite la necesidad de ser objeto de control internacional, una de las condiciones que la CMNUCC está previendo serán exigibles para las actividades que reciban apoyo financiero externo. En el cuadro adjunto se ilustran los principales atributos del Fondo de Fideicomiso Yasuni – ITT frente a la normativa y estructura actual de la Convención sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, seguidas por los elementos que se deberían abordar en las conversaciones futuras. En la particular coyuntura actual, es prácticamente imposible que pueda incluirse en la agenda de las negociaciones en curso variantes tan novedosas como las que propone este Fondo pues los temas debatibles ya están todos arriba de la mesa y no será posible introducir otros nuevos. No obstante, es necesario comenzar a profundizar en iniciativas como esta para intentar introducir nuevos enfoques una vez que se acuerden los temas que hoy están en discusión. Entretanto, el gobierno ecuatoriano ha presentado esta propuesta en varios foros internacionales y en conversaciones bilaterales. Hasta ahora, esta iniciativa ha contado con la acogida de algunos países como Alemania, Reino Unido, Noruega y la Unión Europea, y que se traducen en importantes apoyos y compromisos a nivel bilateral. Pero por el momento, no se ha logrado un respaldo a nivel multilateral que le abra a la iniciativa un espacio en las negociaciones internacionales. Por esta razón, introducir esta temática en las negociaciones de la Convención de Cambio Climático persiste como una necesidad imperiosa. La discusión no será sencilla y contiene algunos puntos muy complejos y de difícil solución. Esta será seguramente una tarea ardua en los próximos años. Se requerirá mucho trabajo técnico y político a nivel mundial para que este tipo de propuestas alcancen un lugar reconocido entre las actividades de mitigación del cambio climático. No obstante, el Fondo de Fideicomiso Yasuní – ITT pone en primer plano uno de los elementos clave para enfrentar este problema: fijar un límite a la explotación de los hidrocarburos. Y esboza una serie de fundamentos conceptuales y mecanismos que merecen la pena el esfuerzo de ser profundizados y debatidos a nivel internacional.
Leído 1946 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 18:33
Gerardo Honty

Gerardo Honty es investigador en energía y cambio climático de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), y fue observador en la COP 16 en Cancún, México, Diciembre 2010. Gerardo ha seguido todo el proceso de las negociaciones climáticas desde sus inicios, participando directamente en varias de las COPs y otros encuentros

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