Miércoles, 03 Diciembre 2014 04:05

China-EEUU y el cambio climático

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El anuncio conjunto del  Presidente  Obama y del Presidente chino Xi Jinping, el pasado 12 de noviembre,   sobre el establecimiento de metas para reducir las emisiones de carbono después del año 2020, ha sido objeto de no poca controversia.
Para los más optimistas la posibilidad de no traspasar el umbral de los 2 grados centígrados de temperatura media de la superficie de la Tierra, más allá del cual se considera peligroso para la civilización contemporánea, exige, como pre-requisito, de un acuerdo entre las  dos grandes superpotencias, como el que se estaría comenzando a forjar.

Como bien lo observara el Secretario de Estado  norteamericano Kerry (The New York Times, noviembre 12 de 2014), “los Estados Unidos y la China son las dos economías más grandes del mundo, los dos más grandes consumidores de energía, y los dos más grandes emisores de gases de efecto invernadero. En su conjunto, nosotros somos responsables del 40 por ciento de las emisiones globales. Necesitamos resolver este problema juntos porque ninguno de los dos lo puede resolver solitariamente. Aún si en los Estados Unidos elimináramos todas nuestras emisiones domésticas de carbono, no sería suficiente para contraatacar la contaminación de carbono proveniente de la China y del resto del mundo. De las misma manera, si la China rebajara sus emisiones a cero, no haría una diferencia suficiente si los Estados Unidos y el resto del mundo no cambiaran su dirección”.

Los optimistas señalan que es  la primera vez que China anuncia un compromiso conjunto con  EEUU, mediante el cual se compromete a producir el 20% de su energía a partir de fuentes renovables, hacia el 2030. Y que en el caso de EEUU, no se trata de un asunto de retórica, pues el Presidente Obama ya ha tomado decisiones  (a través del poder normativo  de la EPA, la autoridad ambiental estadounidense,   y del músculo presupuestal de otras agencias), para colocar a ese país en la senda anunciada en Beijing, que consiste en reducir hacia el año 2025 las emisiones netas de gases de efecto invernadero entre 26 y 28 por ciento por debajo de los niveles de 2005.

Pero para los escépticos este último hecho es, justamente, el talón de Aquiles del anuncio. Y es que  las decisiones del poder ejecutivo  han sido la respuesta del Presidente Obama a la efectiva resistencia del congreso de los Estados Unidos, durante su primer mandato, para aprobar las leyes requeridas para alcanzar esas metas.  Y al tratarse de decisiones del poder ejecutivo estas podrían ser bloqueadas por el senado, que cayó recientemente en manos de los republicanos. Y como se sabe, entre estos se encuentran varios de los más representativos negacionistas de la existencia del cambio climático como fenómeno de origen humano, como es el caso del senador Jim Inhofe,  quizá el más probable presidente del comité ambiental del senado, o del senador Ted Cruz, candidato a presidir el comité de la reforma del gobierno. Mientras que Inhofe cree que el cambio climático es una farsa patrocinada por científicos corruptos, Cruz  acusa a los partidarios de las normas para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero como los jihad-ambientalistas.

Además,  para los escépticos, los anuncios hechos por los dos países  estarían lejos de reducir la emisión  de gases de efecto invernadero al nivel requerido, de como lo observara Manuel Gúzman Hennessy en su última columna (El Tiempo, noviembre 14).

En fin, me encuentro entre los escépticos, y más si se llega a un acuerdo en que se establezcan metas voluntarias, ajustables,  y no jurídicamente vinculantes, tal como lo han propuesto los EEUU  y otros países. Pero reconozco que los jefes de estado de EEUU y China han creado un hecho político de significación que bien podría llegar a modificar positivamente el curso de las negociaciones que tendrán lugar en Lima,  para concluir en Paris a finales del año entrante, y que hasta ahora lucían tan lánguidas.

Este artículo fue orginalmente publicado en EL Tiempo, Bogotá, noviembre, 2014.

Leído 1757 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 19:06
Manuel Rodríguez Becerra

Es Profesor Titular de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y consultor internacional en política ambiental. Fue el primer ministro de Medio Ambiente de Colombia y Gerente General del Inderena (1990-1994). Presidió el Foro de Bosques de las Naciones Unidas en dos ocasiones (1996-1999 y 2004-2005), y fue miembro de la Comisión Mundial de Bosques y Desarrollo Sostenible. Es miembro del Consejo Asesor sobre Política de Bosques del Banco Mundial. Es columnista de El Tiempo y autor de numerosas publicaciones.

Web: twitter.com/manuel_rodb

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