Lunes, 09 Diciembre 2013 06:36

Confrontación, daños, pérdidas y realidad climática

Escrito por 
Tacloban_Typhoon_Haiyan_Trocaire/ Wikimedia CommonsA inicios de noviembre, durante la reunión de Chatham House en Londres, Todd Stern, enviado especial de EE.UU. para las negociaciones climáticas expresó una vez más la negativa de EE.UU. a pactar un mecanismo de daños y pérdidas si este se basaba en la compensación económica  debido a la responsabilidad por las emisiones históricas de los países desarrollados. La misma negativa la expresaron los países europeos en individual y como bloque en vísperas de la Conferencia de las Partes en Varsovia unos días después.
Por el otro lado, al inicio de la COP 19 comenzó a circular la propuesta del grupo G-77 + China sobre la creación de un mecanismo de daños y pérdidas centrado precisamente en la compensación. Ante las dos posiciones atrincheradas, las negociaciones parecían dirigirse hacia un conflicto intratable donde ninguno de los bandos parecía estar dispuesto a ceder. Esta situación se agravó aún más cuando los representantes de 130 países en vías de desarrollo decidieron abandonar las negociaciones correspondientes  ante la negativa de los países industrializados y en particular de Australia, cuyos delegados, vestidos con bermudas y camisetas cortas, tachaban el borrador de negociación, mientras disfrutaban unas botanas, según varios negociadores presentes atestiguaron. Con esta situación parecía inminente el fracaso de las negociaciones sobre daños y pérdidas. Sin embargo, en las últimas horas de la conferencia se llegó a un acuerdo para crear el Mecanismo de Daños y Pérdidas de Varsovia. Existe ahora un reconocimiento formal y explícito de que la mitigación y la adaptación no son suficientes en el presente y que la comunidad internacional transita hacia una era de daños y pérdidas. Este mecanismo ya no puede ser ignorado ni borrado de la agenda de la COP. Esto se consiguió pese a no lograr incluir el cometido de la propuesta del G-77, probablemente por salvar las negociaciones a favor de un paso hacia adelante.  -“Nada o algo” - se escuchó decir a Connie Hedegaard, comisionada de la Unión Europea en esas últimas horas de la Conferencia. El Mecanismo de Daños y pérdidas de Varsovia definitivamente es “algo”. Sin embargo, los países más vulnerables a las consecuencias más inminentes del cambio climático no salieron satisfechos con lo obtenido. Todos sabemos que la ruta política es siempre lenta y sinuosa, pero estos países ya no tienen tiempo. No es posible permanecer a la espera de la buena voluntad política cuando los fenómenos climáticos por los que buscan el mecanismo de daños y pérdidas no son en el futuro lejano o de mediano plazo sino que están ocurriendo en el presente. Así, tenemos un paso hacia adelante en la política, un “algo” que se transforma en “nada” cuando se contempla la realidad presente como el caso de Filipinas, que se transformó en el ícono de la nueva era de daños y pérdidas durante la COP 19 debido al desastre que dejó el tifón Haiyan a su paso por este país solo días antes de la conferencia. Se estima que los daños y pérdidas que dejó el tifón a su paso alcanzan los 530 millones de dólares.  En el escenario global, se estima que en los últimos veinte años, los daños y pérdidas que han dejando a su paso fenómenos extremos alcanzan 1.75 trillones de dólares.  Estas pérdidas, por supuesto, no son exclusivas de los países menos desarrollados. De acuerdo a la compañía de seguros Swiss Re, en EE.UU. los daños y pérdidas que dejó el huracán Sandy alcanzaron los 70 mil millones de dólares en daños totales y 35 mil millones en bienes asegurados. La era de los daños y pérdidas ha comenzado y muchos de sus efectos rebasan cualquier compensación económica. En el presente podemos observar la amplia gama de implicaciones  y ramificaciones políticas y legales que tienen los daños y pérdidas del cambio climático fuera del aspecto económico. Mencionaba Quamrul Chowdhury, de la delegación de los países menos desarrollados durante la COP 19 que: “los daños y pérdidas debido al cambio climático van más allá de la adaptación. Estos daños cruzan las fronteras de lo económico hacia los daños y pérdidas no económicas, en el ámbito socio-cultural”. Al mismo tiempo que finalizaba la COP 19, Nueva Zelanda negaba el estatus de refugiado climático a una persona que solicitaba asilo. La corte neozelandesa rechazó que el cambio climático pudiera establecerse como un motivo de refugio, ya que, el asilo requiere de una persecución y una agencia humana directa. El cambio climático no está contemplado actualmente en la Convención Internacional de Refugiados. No lejos de ahí, los habitantes de las Islas Salomón se preparan para una inminente evacuación de algunas de las islas que constituyen a esta pequeña nación. Para ellos, las estrategias de adaptación como la agricultura en atolón o el almacenamiento de lluvia como agua potable no son suficientes para enfrentar la situación que enfrentan.  A una tasa de aumento del nivel del mar de 8 milímetros de agua al año, casi el triple del promedio global, se enfrentan a la situación de trasladar a alrededor de 5,000 personas de sus hogares en Ontong Java a la isla principal de Malaita, que ya sufre de problemas de sobrepoblación. Para todas estas personas, los avances cortos en la política significan una condena, no en el futuro sino en el presente. De esta manera, podemos observar que la conferencia de Varsovia arrojó resultados y avances importantes en diversas áreas, como el fondo de adaptación y el mecanismo forestal REDD+. Sin embargo el Mecanismo de Daños y Pérdidas fue probablemente la victoria más improbable de todas y también la más importante. La ruta política se abrió para un mecanismo que se acepta como una cuestión que supera cualquier adaptación posible. Esta situación muestra las dos caras de la realidad actual de las negociaciones: pasos pequeños e inciertos en la política y pasos agigantados de la nueva realidad climática para muchos países. El paradigma de la Convención Marco basada en la prevención y la precaución ha quedado obsoleto. Ahora la comunidad internacional se adentra en la era de los daños y pérdidas, donde el mecanismo de daños y pérdidas no sólo será un proceso más dentro de la Convención, sino que se irá transformando en el paradigma central en las negociaciones internacionales como consecuencia de la incapacidad política para “prevenir la interferencia peligrosa con el sistema climático” como se establecía en el objetivo de la Convención en 1992.
Leído 1510 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 18:52
Luis Fernández Carril

El Mtro. Luis Fernández Carril es candidato a doctor en Estudios Humanísticos con especialidad en Filosofía de la Ciencia por parte del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. Se especializa en las dinámicas de conflicto en las negociaciones climáticas internacionales y en el análisis epistemológico de la climatología. Como complemento a su formación, ha recibido diversos reconocimientos del United Nations Institute for Training and Research. Además ha impartido diversas conferencias sobre políticas internacionales del cambio climático y publicado en revistas arbitradas internacionales.

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