Lunes, 27 Mayo 2013 10:55

El público necesita una mejor respuesta a la pregunta de por qué actuar por el clima

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Frente a la pregunta de “¿si actuar o no frente al cambio climático?, todos necesitamos un mejor respuesta de por qué actuar – mucho mejor a la que escuchamos hoy en el debate público internacional. [i] Solo cuando el público esté convencido del fuerte vínculo que existe entre la protección del clima y la prosperidad de su país veremos a la clase política más dispuesta a sacudir el status quo que impera en gabinetes y partidos políticos. Por eso vigorizar un nuevo debate del “por qué” actuar por el clima beneficiaría a América Latina.  A medida que nuestra región alcanza niveles de renta media veo un gran potencial –diría que el más alto en el mundo en desarrollo—de gestar una narrativa política a favor del clima que sea diferente a la que el público ha escuchado hasta hoy.   Cada vez tenemos más evidencia de que para la ciudadanía el climático sí es una gran preocupación.  No obstante - y esto es lo irónico – los votantes aún no exigen a los gobernantes asumir compromisos climáticos robustos.
En abril, participé en un debate sobre justicia climática organizado por el Gobierno de Chile en colaboración con organizaciones especializadas (Ver aquí). En esta columna comparto ideas que propuse en Santiago frente a la actual disyuntiva que contrapone una corriente que empuja a nuestra sociedad a dar pasos concretos a favor del clima y otras corrientes que optan por caminar de espaldas a la realidad. Cuando lo impensable se vuelve en norma Hoy nos parece impensable que algún día la protección climática será un tema vital de la agenda política de nuestros países.  Para quienes la acción climática es un imperativo moral –el limitar el aumento de la temperatura global promedio a no más de 2 grados Celsius a final de siglo – la actual inacción política provoca desesperanza y actitudes tan escépticas que con frecuencia son rayan en el cinismo. Otros incluso han caído en el derrotismo de no reconocer ningún avance.   No hay duda de que se respira un ambiente decaído en que muchos han dejado de creer que la élite económica y financiera – centrados en el PIB y no la calidad de vida -  algún día acepte que proteger el clima crea desarrollo y prosperidad, no los destruye. A pesar de la escala del pesimismo, mi profunda convicción es que un replanteamiento político frente al cambio climático sí es viable.  Estoy convencida de que veremos a países dar los pasos en esta década que les eran impensables en la pasada.  Los países sí cambian. No me cabe la duda que esta década veremos una nueva generación de ideas políticas, empresariales, mediáticas y de la sociedad civil que replanteen la acción climática como eje inevitable de un mejor desarrollo. Si al leer estas líneas usted duda de mi optimismo, le pido dar un vistazo a ejemplos muy positivos que he presenciado en mi vida. Lo que eran impensable durante mi adolescencia ya es norma en 2013:
  • Un presidente negro en los EE.UU.
  • El Rechazo del apartheid y la elección de Mandela como presidente de Sudáfrica
  • Una Alemania unificada y la muralla de Berlín convertida en atracción turística
  • Un gobierno occidental que abandona la energía nuclear
  • Qatar como anfitrión de la Cumbre Climática anual de las Naciones Unidas
  • La Primavera Árabe
  • China convertida en la segunda economía del mundo y el surgimiento del bloque “BRICS”
  • Un mexicano al timón de la OCDE, un brasileiro electo director de la OMC y una mujer al mando del FMI
  • Internet, YouTube, Facebook, Twitter, blogs, mensajes instantáneos, Google y Wikileaks
  • Un latinoamericano como Papa en el Vaticano
La lista continúa, incluyendo en mi caso ver lo que era inconcebible cuando yo nací: una mujer en la presidencia de mi país, Costa Rica.  Muchas batallas aún están pendientes – sin duda – pero nada me hace abandonar el optimismo. Cuando llega el momento justo se alinean las condiciones para el cambio y se propaga una nueva narrativa política que conquista las mentes y los corazones de millones. Carecemos de una narrativa climática que conquiste al público Para que una economía compatible con el clima le gane la batalla al modelo de crecimiento alto emisiones se requiere que esta contienda de modelos de crecimiento sea parte de una contienda política que se lleve a cabo en el debate público y afecte las urnas electorales.  Llevamos años de acalorados debates climáticos pero aún son periféricos del debate político nacional.  Irónicamente buena parte del fervor de estos debates se consume a lo interno de la comunidad verde debido a apasionados desacuerdos sobre estrategia o ideología. Falta una mejor y mayor narrativa sobre “Clima y Sociedad” que tenga resonancia con una nueva generación de políticos y de votantes como parte de un nuevo debate nacional. Me refiero al tipo de instrospección en que ponemos a una nación frente al espejo para así visibilizar los beneficios colectivos darle un firme sí político a modelos de crecimiento bajos en emisiones esta década – antes de que sea tarde. Y esto requiere hacernos preguntas inevitables: ¿Realmente es el "carbono" el timón político de una narrativa climática? ¿En esta década, movilizará el “carbono” o las “emisiones” al público en nuestra región?  Lo dudo.  En Chile hasta me atreví a argumentar que las narrativas climáticas centradas en la mitigación no casi no funcionan con el público y lo hará aún menos en los próximos años.  Los lemas tradicionales que oímos de las organizaciones activistas  que demandan un gran reducción de emisiones porque “es lo correcto” tampoco funcionarán con los votantes. Parte del problema es que los mensajes sobre reducción de emisiones no inspiran a casi nadie.  Y esto no es porque al gran público no le importe el cambio climático.  Al público le preocupa. A las madres les preocupa. A los jóvenes les preocupa.  A las comunidades vulnerables al cambio climático no solo les preocupan sino que nos piden que no seamos indiferentes.  Para crear una nueva masa crítica tendremos que llevar a cabo una transformación del debate climático en nuestros países que recupere un tono más humano con énfasis más explícito en las personas – no en las emisiones. Es evidente que debates técnicos y tecnocráticos aún son necesarios y se requiere una retroalimentación con el calibre del próximo informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (o IPCC por sus siglas en inglés) y de los esfuerzos de medición de la brecha global en emisiones de carbono.  Los sobrios recordatorios del aumento en la concentración de partes por millón serán necesarios  (por su puesto que aún necesitamos de campañas del estilo de 350.org o Avaaz). Sin embargo, mi punto es distinto y centra en el ámbito político: dado lo que está en juego, se necesita replantear la gran narrativa, ese esfuerzo de comunicación con el público que ocurre cada cierto tiempo y marca el debate nacional,  para que liberemos el debate climático libre del anclaje centrado casi exclusivamente en “CO2” o “mitigación" que – sabemos - fue gestadas en otros países y tiempos. Discursos sobre mitigación (y ni que decir el debate de precios del carbono) no captura ni va a capturar la imaginación de la ciudadanía que anhela una sociedad más próspera con un modelo de desarrollo que los enorgullezca.  Al contrario, un enfoque centrado en la mitigación no solo no inspira sino que con frecuencia desencadena reacciones defensivas que siguen una lógica que usted debe haber oído: “En comparación con las emisiones de otros, las nuestras son insignificantes”. “Otros crearon el problema”. “Los otros no están haciendo nada o casi nada”. Sabemos que siempre habrá otros que no hagan lo suficiente. Justo es aquí donde estamos hoy en el debate International, en un discurso circular que busca culpables y perpetúa la parálisis. Una formulación más atractiva: Nosotros elegimos La narrativa climática que predomina hoy en el debate internacional se desarrolló para y por los países con altas emisiones – principalmente en Europa y EEUU en los años noventas.  A medida que los ojos giran hacia las emisiones de China, se espera que el énfasis en mitigación continúe. Aunque esto sea así a nivel internacional y a pesar de que abordaje técnico de gestión del carbono o la energía limpia sea útil y vital; mi punto es que esto no significa que tendremos que “cortar y pegar” esta lógica a nuestros países sólo porque este énfasis en mitigación domina las conversaciones sobre el clima de EE.UU. y Europa con China. Necesitamos un propio punto de partida propio. En buena parte de América Latina el punto de partida no tiene por que ser la energía solo por que así lo es en otros debates climáticosPara la región más urbanizada del planeta, ¿por qué nuestro punto de partida no podría ser “Clima y Ciudad”? ¿O, por qué no el vínculo entre clima y agua? Actualmente la narrativa climática – debido a su énfasis en mitigación en la década pasada – todavía tiene en nuestra región un sabor foráneo y una connotación de que será una limitante a nuestro desarrollo.  Por lo tanto nos urgen las narrativas “hechas en casa” que enfaticen lo sí que elegimos para nosotros mismos. Propongo estos elementos como ejemplo:
Nosotros elegimos proteger las a personas de los efectos climáticos. Nosotros como país (o comunidad) optamos por ser resilientes.  Es nuestra decisión proteger nuestra agua.  Somos nosotros quienes optamos por crecimiento con calidad de vida.  Tomamos decisiones nuevas y propias porque nuestro país se merece un futuro mejor
América Latina ofrece un terreno fértil para gestar nuevas narrativas sobre “Cambio climático y la sociedad” en esta década.  Mientras Europa se debate en la austeridad muchos países de América Latina se enfrentan al dilema contrario: cómo gestionar el crecimiento. La creación de riqueza en nuestra región no tiene precedentes. Según el Banco Mundial, 50 millones de personas se unieron a la clase media en América Latina en los últimos 10 años. ¿Qué tipo de sociedad quiere la creciente clase de consumidores? ¿A que aspiran?  Cómo reinventar las aspiraciones de una sociedad de renta media es una de los temas políticos más fascinantes de nuestra generación y cualquier debate transformador sobre las opciones relativas al clima debe encuadrar con la pregunta esencial de cuales es nuestra aspiración colectiva a medida que crece nuestro PIB (y la billetera de los consumidores).   Hace tiempo que los temas climáticos han dejado de ser temas meramente ambientales o regulatorio limitado a los confines de un ministerio técnico. El giro de una creciente parte de la sociedad latinoamericana hacia la clase media genera esperanza y preocupación y alimentó un elocuente intercambio en el taller de Santiago. Será imposible hablar de acciones por el clima que ignoren la aspiración de crear sociedades no solo más prósperas sino más inclusivas – esa gran tarea pendiente en América Latina – y posiblemente, en otras latitudes. Nuestro panel fue presidido por Ricardo Lagos, el ex Presidente de Chile y enviado para el cambio climático de la ONU. En pocos minutos su carisma transformó el ambiente de la sala.  Fue un gran privilegio discutir con un ex mandatario las necesidades de una nueva narrativa política a favor del clima, de las personas y del desarrollo inclusivo. Tener a un hombre de estado de su talla y credibilidad nos energizó a todos. Salí de Santiago más convencida que nunca de que estamos en un momento fértil en América Latina que hay que aprovechar para que integrar la dimensión humana en el tema climático y el tema climático en el debate político en esta década.  Este es el momento para cambiar nuestro diálogo regional y doméstico. Estoy convencida de los beneficios para nuestros países de gestar un nuevo debate público con respuestas claras al por qué actuar por el clima, por qué optamos por proteger a las personas, por qué optamos por la resiliencia en lugar de la vulnerabilidad y por que la inclusión es la base de cualquier esfuerzo por crear y sostener sociedades prósperas de renta media.  


[i] Este artículo es una adaptación del artículo escrito por la autora en inglés “A New Why For Climate Action” publicado por Intercambio Climático el 7 Mayo 2013.
Leído 1590 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 19:20
Monica Araya

Dr. Mónica Araya is Costa Rican expert on climate and low-carbon development who has worked on sustainability issues for over 20. She is Founder and Director of Costa Rica Limpia - a citizen platform to advance new thinking on environment, development and democracy. She was negotiator for her country in the climate negotiations. She collaborates frequently with leaders in government, business, academia, non-profits and think tanks in several countries. She is a member of the Steering Committee of the UNEP Emissions Gap Report and Co-Chair of the
Latin American LEDS Platform. She obtained a Masters in Economic Policy at Universidad Nacional in Costa Rica and Master and Doctorate in environmental management from Yale University.
For publications see www.monica-araya.com and www.costaricalimpia.org

La Dra. Mónica Araya es una experta costarricense en cambio climático y desarrollo bajo en carbono. Es Fundadora y Directora Ejecutiva de Costa Rica Limpia, una plataforma ciudadana para promover nuevos planteamientos en desarrollo, ambiente y democracia. Ha sido negociadora por su país, Costa Rica, en las negociaciones del clima. Colabora regularmente con líderes en el sector gubernamental, empresarial, academia, entidades sin fines de lucro y think tanks en varios países. Es miembro del Comité Directivo de la PNUMA Emissions Gap Report y Vice Presidenta del Comité Directivo de la Plataforma Latinoamericana LEDS. Obtuvo una Maestría en Política Económica de la Universidad Nacional de Costa Rica y una Maestría y Doctorado en gestión ambiental en la Universidad de Yale.
Para sus publicaciones ver www.monica-araya.com y www.costaricalimpia.org

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