Viernes, 21 Diciembre 2012 08:04

Los fantasmas de Doha Destacado

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Luego del Fracaso de la COP15 en 2009, muchos nos preguntamos si sería Copenhague lo que Doha representó para las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio, congelando el proceso hasta su obsolescencia. Tres años después, con cierto escepticismo llegamos a Doha. A pesar de los cuestionamientos y la crisis global; las negociaciones continúan y siguiendo los ritmos de la diplomacia, se van generando las bases técnicas necesarias a la espera de la imprescindible voluntad política que aún está lejos de estos espacios.
Tal vez lo más relevante de esta COP pueda sintetizarse en 4 grandes ejes: Protocolo de Kioto: Finalmente tenemos un segundo período de compromisos del Protocolo de Kioto, aunque sin Canadá, Rusia, Japón, ni Nueva Zelanda. Si en su primera versión, este acuerdo representaba el 40 porcentaje de las emisiones, en su segunda fase se reduce a poco mas del 10 porcentaje. No tanto por los que se bajan, sino por el aumento de emisiones de los países emergentes; un fiel reflejo de la transición política y económica que estamos atravesando. Este mecanismo y el mercado de carbono generado, sirven de referencia para los mercados regionales y nacionales que de a poco van surgiendo como el tradicional mercado Europeo y los mas recientes de Australia, Nueva Zelanda o California. En esta segunda período será un desafío mejorar sustancialmente su rigurosidad técnica asegurando que además de incentivar financiamiento para nuevas tecnologías bajas en carbono, sea efectivo en la mitigación de emisiones evitando las fugas (‘Leakage’ en Ingles) y la doble contabilidad. La Plataforma de Durban: En Doha se cerraron las negociaciones paralelas que dividían los compromisos de países desarrollados (Grupo del Protocolo de Kioto) y el Acuerdo de Cooperación a Largo plazo (LCA). De aquí en mas las negociaciones se concentrarán en el Grupo de la Plataforma de Durban (ADP). La principal diferencia de este nuevo espacio es la meta de mantenerse bajo los 2 grados acordada en Cancún en 2010 y la responsabilidad de todos los países en su compromiso de reducción de emisiones que deberá reflejarse bajo algún acuerdo, protocolo o nuevo mecanismo a definir, en base a lo que firmó el año pasado en Durban. Pérdidas y Daños: Lo más novedoso que nos dejó Doha es el reconocimiento de apoyo financiero ante las pérdidas y daños que genera el  cambio climático en países más vulnerables. Esta incorporación fue muy resistida por algunos países responsables de las emisiones históricas, sobre todo Estados Unidos. Hasta ahora hablábamos de prepararse para impactos futuros, hoy en la negociación empezamos a hablar de las consecuencias que están sufriendo varios países y como se asumen esos costos. Financiamiento: El eterno desafío del financiamiento climático volvió a ser eje de intensos debates y sigue socavando la confianza de los acuerdos generados. Este año se terminó el compromiso de U$S 30.000 millones presentado en Copenhague (‘Fast Start Finance’); hay serios cuestionamientos sobre cuanto se cumplió de ese compromiso y el tipo de aportes contabilizados por los países. Aún en medio de una crisis económica global hay recursos disponibles para contribuir con los países menos desarrollados. Prueba de ello es que fueron países de la Unión Europea, hoy los más afectados por la crisis económica, los únicos que presentaron propuestas concretas de apoyo. Lo más preocupante es no tener claridad sobre los compromisos para los próximos años y como se piensa llegar a la meta de movilizar U$S 100.000 millones al 2020. La vedette de la COP fue el nuevo reporte sobre la Brecha de emisiones realizado por PNUMA  presentado como fuente de referencia tanto en los eventos paralelos como en el núcleo de las negociaciones. El resultado más importante que deja este estudio es la trascendencia de las decisiones políticas y económicas que se tomen en los próximos 8 años para reducir las emisiones actuales. Logramos sobrevivir al fantasma de Doha y aún estamos a tiempo de mantenernos bajo los 2 grados (¡pero el tiempo se acaba!); la responsabilidad de lograrlo recae sobre los jefes de estado que hoy están ejerciendo su mandato y quien los suceda en el próximo período de gobierno. De ellos depende la voluntad política hasta ahora ausente en las negociaciones, es hora que la sociedad civil supere la resaca de Copenhague y siguiendo el ejemplo de Kumi Naidoo, el director de Greenpeace, en su carta a Presidente Obama, empiece a cobrarles su compromiso.
Leído 1966 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 19:29
Ramiro Fernández

Ramiro Fernández trabaja en la Fundación AVINA desde hace 12 años. Lideró una estrategia de acompañamiento a líderes jóvenes y la expansión de AVINA en Argentina. A partir del 2001 decidió focalizarse en la Patagonia de Chile y Argentina donde acompaño el desarrollo de líderes de la sociedad civil y el sector privado hasta 2009 siendo parte de profundos procesos de transformación social, consolidando la calidad de la democracia y el desarrollo de plataformas regionales para la sustentabilidad de la Patagonia. Desde el 2010 se especializó en los desafíos energéticos del Conosur y actualmente es responsable de la estrategia de Cambio climático y energía para la Fundación AVINA en América Latina.

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