Sábado, 23 Junio 2012 11:15

¿Queremos Futuro? Destacado

Escrito por 
Eros y Tanatos. La pulsión de vida  y la pulsión de muerte, así concibió Freud la tensión fundamental que signa la existencia de la especie humana y que hace del hombre el ser a la vez, amoroso, empático y destructor, mortal. Luzbel y Lucifer, Abel y Cain, eso somos cada uno y todos. En esencia, hay una contradicción brutal, una energía que nos predispone a la cultura y  al mismo tiempo a la guerra. Hay en la base de la vida social, o sea de la vida de cada uno y del colectivo humano, un malestar explosivo: ¿por qué soy capaz de amar, si finalmente ese otro ser y yo, ambos y todo lo que hagamos juntos, todo, perecerá? ¿Por qué me fue dada la vida consciente para vivir tensionado entre la gracia del amor y la inminencia de la nada?
¿Cómo se resuelve esa tensión, en términos de proyecto histórico? ¿Cómo se puede ser optimista, tener una esperanza que permita la utilidad de sofrenar la pulsión destructiva hacia otros y hacia uno mismo?  Estas son  preguntas fundamentales que han dado, entre otras,  razón de ser, hace milenios, a la filosofía.  Sus respuestas han dividido a los hombres en diversas formas de optimismo en el triunfo del bien, o en visiones pesimistas, ancladas en  el absurdo de un ser inteligente abandonado a su destino trágico. Hasta el presente todas estas cuestiones se trataron desde una perspectiva completamente antropocéntrica, sin otra conminación, sin más "apuro", que la necesidad endógena de la Humanidad en esas respuestas, en línea con aquel amor por saber que animó al Padre Pitágoras o la capacidad para el asombro de Platón. Pareció que las respuestas podrían resolverse trabajando desde el hombre y su circunstancia social, porque a pesar de la finitud de individuos, la especie como tal sería eterna. Podría no haber un mañana para mí, pero la especie como tal no perecerá. Por otro lado, aunque ello pudiera ser, eso estaría radicado más allá de un amanecer de demasiado lejano. Siempre quedaba, por último, el recurso a la lógica de Madame de Pompadour, dicha al  oído de Luis XV, en la máxima expresión de apuesta al inmediatismo erótico: vivamos a todo trapo y después de nosotros, que importa si viene el Diluvio! Pero en nuestro presente ha entrado otro actor en la escena, un “convidado de piedra”....y de agua y de aire: la Biosfera que está clamando de manera contundente con la terminante fuerza del campanazo en el ring-side. La pulsión de muerte puede estar acelerándose en el ecosistema, con dinámicas y convulsiones de una imperatividad  de insuperable poderío. También la Tierra esta tensionada entre pulsiones de vida, de equilibrio y de degradación, entropía y muerte. Pero el factor inteligencia humana que en el plan creador, debiera ser el factor de ajuste salvador, se ha transformado en fuente de agresión, factor de muerte. No hay el tiempo para que la Humanidad decida, exclusivamente según sus intereses si se suicida en su lucha de todos contra todos o solidariamente piensa en términos de conciencia biosférica. Ahora tiene que atender a los mensajes de las cosas que se tuvieron como estáticas e inertes  y que le dicen al hombre que ya se terminó el tiempo del debate narcisista del humano consigo mismo y que si quiere hacer el intento de sobrevivir, deberá contar con el Planeta, con su “derecho a la existencia”, como dice la Constitución de Ecuador. Cualquiera de las discusiones ambientales nos coloca ante el dilema. Y ello es como el problema de la minoridad infractora: todas las semanas nos aportan hechos que abonan la disposición del público a pedir penas más severas, sencillamente porque todas las semanas un menor protagoniza un crimen grave. Entre los temas cotidianos de ambiente, el cambio climático es el más perceptible, por cierto. Hace unos días James Hansen, científico estrella de la NASA en cambio climático, apuntó al máximo liderazgo mundial buscando  ya responsables individuales para el posible colapso. Hansen sostiene que si Canadá persiste en concretar el proyecto KeyStone, que consiste en explotar yacimientos de arenas bituminosas y obtener petróleo,  que liberarían a la atmósfera mas dióxido de carbono que todo el que se ha emitido históricamente por el hombre hasta ahora, entonces el juego está terminado y todo es cuestión de años para el famoso, verdadero y real fin del mundo. Con fuerza afirma que: “si se explotara esa nueva fuente de petróleo y continúan ardiendo nuestro petróleo convencional , el  gas, y los suministros de carbón, las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, eventualmente alcanzarán niveles más altos que en la época del Plioceno, más de 2,5 millones de años atrás, cuando el nivel del mar fue de al menos 50 pies más alto de lo que es ahora. Ese nivel de gases atrapan calor que asegura que la desintegración de las capas de hielo se acelerarían fuera de control. Los niveles del mar se elevarían y destruiría las ciudades costeras. Las temperaturas globales se vuelven intolerables. Veinte a 50 por ciento de las especies del planeta estaría conducido a la extinción. La civilización estaría en riesgo.” En su campaña electoral, Barack Obama, principal destinatario de las críticas de Hansen, supo decir que el Planeta está en Peligro. Poco tiempo después, en la cumbre climática de Copenhague (2009), unos activistas de Greenpeace le recordaron que los verdaderos líderes, no solamente hablen, actúan.

No hay demasiado tiempo. La especie está por recoger las tempestades que ha sembrado.

“El futuro que queremos” es el título del documento que los ámbitos diplomáticos discuten como base para la Conferencia de junio en Río. Yo propondría otro: ¿Queremos futuro?
Leído 3230 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 19:31
Ricardo Gorosito Zuluaga

Dr. Ricardo Gorosito Zuluaga es Director Ejecutivo de IDEA Uruguay y Profesor Titular de Política y Derecho Ambiental en la Universidad Católica del Uruguay y miembro del Panel de Expertos en Derecho Ambiental de la Corte Permanente de Conciliación y Arbitraje de La Haya, Comisión de Derecho Ambiental de la UICN y la PCL. Fue director Nacional de Transporte, de Ordenamiento Territorial, Vice Ministro y Ministro (i) de Transporte y Obras Públicas y de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Actuó como Senador de la República y ha sido y es colaborador de diversos órganos de prensa en Uruguay y autor de varios libros y artículos en materias de su especialidad.

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