Lunes, 17 Septiembre 2012 18:14

Incertidumbre en las respuestas de Bangkok Destacado

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Sabiendo que no es novedoso afirmar que las negociaciones internacionales sobre cambio climático en Naciones Unidas generalmente nos producen un sentimiento de incertidumbre, debemos decir que las respuestas que recibimos en la reunión intersesional de la CMNUCC realizada recientemente en Bangkok fueron relativamente inquietantes.
En un ambiente mediado por cuestionamientos acerca del carácter “informal” de esta sesión que según explicaciones de Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención, fue convocada de esa manera debido a limitaciones financieras, transcurrieron los 3 tracks o cauces de negociación establecidos por las Partes de la Convención: Cooperación a Largo Plazo (LCA), Plataforma de Durban (ADP) y Protocolo de Kyoto (KP). Pese a que en este contexto se valora como un progreso que las Partes hayan logrado discutir sobre cuestiones de sustancia-contenido y no solamente sobre procedimientos y agendas, seguimos percibiendo que las negociaciones no logran avanzar al ritmo que la crisis climática y las comunidades más afectadas por el cambio climático demandan en el mundo real y concreto, que a veces parece diferir con la realidad percibida en las sesiones de negociación en Naciones Unidas. En cuanto a elementos concretos, podemos decir respecto al Protocolo de Kyoto que aunque se produjo un documento “no-oficial” de lo negociado, sigue sin estar claramente definido si Australia, Rusia, Ucrania y Nueva Zelanda suscribirán el segundo período de compromisos, junto a la promesa ya conocida de la Unión Europea. Tampoco hay un acuerdo o entendimiento común entre las Partes sobre cuánto tiempo deberá durar este segundo período (¿5 o 7 años?), ni sobre la cuantificación de las metas de reducción de emisiones (QELROS) de los países que lo suscribirán. La batalla sobre los componentes legales de este instrumento verán su campo de acción en Doha, Catar, plazo definitivo para que se adopte la enmienda al segundo período de compromisos bajo el Protocolo de Kyoto, sosteniéndose así la única infraestructura jurídica internacional existente –hasta la fecha- que establezca compromisos de reducción de emisiones para los países industrializados. Esperamos que los “amantes del PK” (I love KP) no veamos frustradas nuestras aspiraciones en la cita de Catar, romance que sin duda verá su continuidad en las complejas negociaciones que deberán darse en la Plataforma de Durban sobre los principios de equidad y responsabilidades comunes pero diferenciadas. En cuanto al grupo de trabajo de Cooperación a Largo Plazo, hemos visto en Bonn y en Bangkok que existe un desacuerdo sustantivo entre las expectativas de los países desarrollados y las de los países en desarrollo (distinción que aún mantiene su vigencia en el LCA), sobre cómo debe ser la “clausura del LCA”. Por una parte, presenciamos a países desarrollados como Estados Unidos, Australia, Unión Europea y Nueva Zelanda (entre otros), oponerse vehementemente a la existencia de un texto o “borrador de acuerdo” para Doha sobre temas claves como adaptación y financiamiento. Simultáneamente, buena parte de los países en desarrollo insisten que aún no se ha completado el trabajo orientado en el Plan de Acción de Bali para estos temas y que, por tanto, en Doha se deben producir resultados –expresados en acuerdos entre las Partes- que permitan la conclusión efectiva del trabajo bajo el LCA. Sin eso, el track no puede ser cerrado. Según lo que escuchamos en las sesiones abiertas a los observadores de sociedad civil, el principal argumento de los países desarrollados para que “no haya texto” sobre estos temas, es que este grupo de trabajo ya produjo las “instituciones” que deberán hacerse cargo del trabajo pendiente, tales como el Comité de Adaptación, el Fondo Verde Climático y el Comité Permanente para financiamiento, entre otras instituciones. Mientras los desarrollados afirman que es momento de “confiar que esas instituciones harán su trabajo”, es evidente que muchos países en desarrollo recienten este planteamiento como una muestra de falta de compromiso del mundo industrializado. Aparentemente, los países que integran el G77+China mantendrán la necesidad de producir algunos acuerdos específicos para Doha en el LCA, como por ejemplo que quede explícitamente establecido que el Comité de Adaptación deberá coordinar su trabajo con el Comité Permanente (para financiamiento) y el Fondo Verde Climático, sin lo cual no existirían garantías reales que el financiamiento para acciones de adaptación en los países más vulnerables sea verdaderamente desembolsado por los países desarrollados. A pesar de esta situación en materia de adaptación y financiamiento, parece haber interés político en que hayan avances en otros temas asociados -por ejemplo- al mecanismo financiero para REDD+ y la creación de nuevos mecanismos de mercados, en donde se evidenció que los países desarrollados no tenían oposición a que se trabajarán “borradores” de decisión para Doha. Pese a esta ambigüedad, está claro que hay muchos asuntos pendientes sobre la mesa del LCA, lo que abre dudas si se estará produciendo –o no- un cierre prematuro de este track en Doha. Para algunas de nosotras es evidente que los resultados proveídos por las Partes desde que en 2007 se estableció el grupo de trabajo de Cooperación a Largo Plazo (LCA), pese a lo positivo y loable de los resultados producidos, ello no nos ha permitido mantenernos sobre una senda de emisiones que impida el incremento de la temperatura por debajo de las 2 grados C. Abundan los reportes y estudios que exponen que actualmente el mundo se encamina a incrementos en la temperatura promedio global que superarían los 4 grados C, llevándonos en la senda de graves consecuencias para la humanidad y la vida en el planeta. Si no lo creen, infórmense acerca del derretimiento sin precedentes del Ártico llamado “el refrigerador del planeta”. En este sentido, consideramos que es insensato afirmar que el “trabajo está completado” y que ahora solamente hay que tener fe en que las instituciones creadas funcionarán bien. Se requieren de orientaciones claras de la COP mandatando la requerida coordinación entre las instituciones creadas. Sobre la Plataforma de Durban, en Bangkok las Partes empezaron a mostrar cuáles son sus ideas sobre cómo debería constituirse el nuevo régimen climático a ser suscrito en 2015, y que entraría en rigor en 2020, incluyendo la forma legal del “instrumento” en el que se supone las Partes deben incrementar sustancialmente el nivel de ambición existente. Por lo que vimos, todas las valoraciones vertidas en esta lluvia de ideas acontecida en Tailandia, están determinadas mayormente por las circunstancias nacionales y las concepciones de desarrollo de cada país, lo que sin duda complicará este proceso de negociación, siendo cruciales las definiciones prácticas que sean acordadas entre las Partes sobre equidad, esfuerzo compartido y responsabilidades comunes pero diferenciadas de acuerdo a las respectivas capacidades. Se piensa que la ronda ministerial que acontecerá en Corea, previo a la COP 18 en Doha, podría dar mayores luces acerca del nivel de ambición que cada país verterá en la Plataforma de Durban, sin embargo, dado que nada de lo discutido en Bangkok se transformó en un programa de trabajo, la incertidumbre se mantiene. Sin duda alguna, los países en desarrollado agrupados históricamente en el G77+China, se verán ahora obligados a exponer públicamente sus posiciones en cuanto a las responsabilidades y compromisos vinculantes de reducción de emisiones que deberían asumir –o no- países altamente emisores como China, Brasil y la India. ¿Cuál será el desenlace de esta batalla? Ello aún está por verse, pero no dudamos que estas negociaciones se verán fuertemente determinadas por las alianzas estratégicas existentes entre los diferentes países en desarrollo en planos políticos y económicos que a todas luces superan la égida de la CMNUCC. Finalmente, creemos que nuestros pueblos tendrán que estar atentos a los resultados que se configuren en la 18va sesión de la Conferencia de las Partes de la CMNUCC y la 8va sesión del Protocolo de Kyoto, a realizarse del 26 de noviembre al 7 de diciembre en Doha, sin que por ello levantemos falsas esperanzas entorno a los resultado de Catar. Insistimos, eso sí, que ningún resultado asociado a la problemática del cambio climático y el desarrollo sostenible en general, será justo, ambicioso y legalmente vinculante, sin que los pueblos se organicen y luchen demandando coherencia a sus representantes de gobierno en la toma de decisiones internacionales cruciales, algunas de las cuales son incluso de sentido común como, por ejemplo, que debe existir un pronto financiamiento por parte de los países desarrollados, de las acciones de adaptación que demanda la crisis existente en el mundo en desarrollo… así como es obligatorio que todos los grandes emisores reduzcan pronta y efectivamente sus emisiones de gases que calientan el planeta, entiéndase las grandes industrias y capitales contaminantes que hace mucho tiempo dejaron de tener nacionalidad alguna. Pero lo cierto es que, junto al sentimiento de incertidumbre que nos producen estas negociaciones, lamentablemente pareciera ser que Horace Greeley, político estadounidense, tenía razón cuando decía: “el sentido común es el menos común de los sentidos”.
Leído 1425 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 19:25
Mónica López Baltodano

Mónica López Baltodano es oficial de incidencia para cambio climático del Centro Alexander von Humboldt en Nicaragua. Delegada de la red SUSWATCH para las negociaciones internacionales en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), miembro del Consejo Administrativo de Climate Action Network Latinoamérica (CANLA) y miembro activo de Accra Caucus on Forests and Climate Change y la Alianza Nicaragüense ante el Cambio Climático (ANACC). Abogada y Máster en Estudios Políticos Aplicados.

Mónica López-Baltodano is an officer for climate change advocacy at the Humboldt Center in Nicaragua. She is also a delegate for international climate change negotiations of the UNFCCC for the SUSWATCH (Sustainability Observatory) network, a member of the committee for CAN-LA (Climate Action Network, Latin America), and an active member of the Accra Caucus on Forests and Climate Change and the Nicaraguan Alliance to face Climate Change (ANACC). Mónica trained as a lawyer and has a Masters in Applied Political Studies.

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