Viernes, 14 Octubre 2011 09:16

Transición hacia una economía verde: de la forma al fondo Destacado

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Durante los últimos años hemos escuchado  hablar del término “economía verde” en casi todos los congresos, talleres y eventos relativos al desarrollo sustentable y el cambio climático, e incluso se ha colocado como uno de los principales temas de discusión para la celebración del vigésimo aniversario de la Cumbre de la Tierra que se llevará a cabo en Río de Janeiro en 2012, Cumbre de la que se desprendieron importantes Convenciones como la de cambio climático, la de Diversidad Biológica; además de la Agenda 21, y la Declaración sobre bosques y masas forestales, así como la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo.
No obstante lo anterior, existen diversos enfoques e incluso opiniones sobre lo que es la economía verde, pues mientras algunas personas como Hilda Solís Secretaria de Trabajo de Estados Unidos, señala que la economía verde es capacitar a los trabajadores americanos en el ejercicio de carreras en industrias especialmente, veteranos, mujeres, jóvenes, afroamericanos, latinos, personas con discapacidades y americanos nativos, en el tema de profesiones verdes[i]; otros como  Pavan Sukhdev uno de los principales impulsores de la Economía verde del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que “es necesario una economía ecológica que domine el potencial productivo de la naturaleza a fin de aumenta la biocapacidad de la Tierra y así asegurar el bienestar humano”[ii]. En general, el PNUMA, que es uno de los principales impulsores de la economía verde, señala que  sé entiende por economía verde, “aquel sistema económico que es compatible con el ambiente natural, que es amigable con el medio ambiente, es ecológico y, para muchos grupos, es también socialmente justo”.[iii] Incluso se ha señalado que para considerarse economía verde, debe incluir criterios como “la justicia social, no comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus necesidades; los derechos de los países pobres y de la gente pobre al desarrollo y las obligaciones de los países ricos y de la gente rica de cambiar sus niveles de consumo excesivos;  las condiciones equitativas para las mujeres en el acceso a recursos y oportunidades; y  asegurar condiciones laborales decentes, además de la democracia y la equidad”.[iv] Lo que es necesario destacar es que se nombre como se nombre, es decir, economía verde, economía ecológica, o economía baja en carbono como algunos autores la han clasificado, el tema de fondo, no es el concepto sino el contenido de lo que esta economía implica en la práctica y el objetivo que la misma persigue. La economía verde se ha interpretado como aquella redefinición del origen de las inversiones, es decir, las nuevas prioridades de los países en términos de la distribución de los recursos, es pasar de la inversión de combustibles fósiles a la inversión en energías renovables; o de autos altamente contaminante a autos híbridos o eléctricos, pero lo cierto es que la economía verde en su visión de mantener el crecimiento económico, ha perdido de vista una cosa… que los recursos naturales en el mundo, se están acabando. ¿Será que nos encontramos una vez más ante un espejismo?, tal y como le sucedió al concepto de desarrollo sustentable, que fue en su momento un buen pretexto para que las grandes corporaciones pudieran asumirse ambientalmente responsables, pero sin hacer modificaciones en su producción sino en su forma de “empaquetado verde”. Quizá esto pueda ocurrirle a la economía verde, que si bien tiene un fundamento en el cambio de prioridades, esto no necesariamente significa que se da pie a un cambio estructural que cambie de fondo aquello que a causado el problema climático, pues plantea un modelo bajo los mismos estándares, las mismas instituciones, las mismas técnicas de mercado y las mismas ambiciones del capital y de crecimiento, pero sin una internalización y asimilación de que el tan deseado crecimiento económico está condenando el futuro del plantea y de la humanidad. Si se trata de un aspecto de fondo, la economía verde no buscaría sólo no vender un millón de coches de ocho cilindros, y vender ahora un millón de coches híbridos, porque si bien esto significa una pequeña reducción de emisiones, no cambia de fondo el modelo de consumo que ha generado el problema. La economía verde por lo tanto debiera significar un modelo de redefinición de prioridades y necesidades en la población y para desgracia de muchos, esto significa respetar a cabalidad el concepto de frugalidad del que tanto se habla pero del que poco se sabe en la práctica, y que se refiere al concepto de vivir con lo necesario para estar bien, sin incorporar aquellas “necesidades” que ponen en jaque al medio ambiente, internalizando las externalidades de las actividades y procesos. El cambio de dirección Todo cambio de dirección requiere de un proceso interno de reflexión, esto significa que lograr un equilibrio entre la naturaleza y los 9 mil millones de habitantes que se estima habrá en 2050, requiere de un cambio en el patrón de decisión y de organización. Esta relación requiere de un esquema que privilegie el equilibrio del medio ambiente con la supervivencia humana. Esto es, que aun cuando los hombres y mujeres deseen poseerlo todo, tienen que considerar si al tener eso estarán afectando o generando un desequilibrio  en los ecosistemas. Y como los cambios no se dan de la noche a la mañana, es importante empezar por lo que hoy en día está en nuestras manos, y buscando incidir ahora en la redefinición de la organización del futuro, pues mañana no seremos nosotros los que decidiremos. La economía “verde” o un economía que busque abatir el problema climático y el desequilibrio ambiental, pudiera promover cambios iniciales como: 1) El impulso de actividades cuyo objeto sea el equilibrio ecológico, en el que no sólo se reduzcan emisiones, sino que se planteen actividades de conservación y manejo integrado de los recursos, contabilizando las externalidades de dichas actividades; hoy en día no basta con generar energía con recursos renovables, sino que su desarrollo tenga también beneficios ambientales y sociales; 2) La reducción de incentivos y apoyos gubernamentales a aquellas actividades que están generando trastornos en los ecosistemas, por emisiones y residuos, como los subsidios a los combustibles fósiles, pues es necesario que exista congruencia entre la lucha contra el problema ambiental y la crisis climática y las acciones y prioridades de la economía, es decir, es necesario que se comience a despretrolizar a la economía. 3) La utilización inteligente y congruente de los fondos públicos y privados, invirtiendo en aquellas actividades con menores impactos ambientales, mayores esquemas de eficiencia, menores emisiones de contaminantes, mayores beneficios sociales, impulsando medidas que sabemos tendrán un impacto positivo no sólo en el ambiente sino incluso en la economía y en la sociedad, haciéndolas costo efectivas, como la inversión en transporte público eficiente, energía renovable, eficiencia energética en todos los sectores, manejo sustentable de los recursos forestales, manejo adecuado de residuos, etc. 4) La creación e instrumentación de mecanismo fiscales para redefinir la base económica de los países, buscando colocar impuestos a las actividades más contaminantes y  brindando incentivos a aquellas que promuevan un menor impacto en los ecosistemas; desafortunadamente no podemos esperar a que la población, las empresas y los gobiernos estén conscientes del impacto de sus actividades, por lo que sancionar las malas prácticas es un mecanismo que tenemos que instrumentar con rapidez, o de lo contrario, podremos esperar a que sea la naturaleza la que cobre el descuido; 5) Y cuando de recursos se habla, es necesario redefinir los esquemas y las prioridades, hoy no se trata sólo hablar de mecanismos de financiamiento,  se trata de hablar de las necesidades que tenemos que atender con urgencia y de los planes que podemos desarrollar para emprender medidas integrales de bienestar humano, sin arriesgar el futuro y buscando el equilibrio con los ecosistemas. Y finalmente, pero no menos importante, sino como factor de relevancia para nosotros los humanos, es que 6) ningún “crecimiento o economía verde”, puede estar disociado de un bienestar humano y social, esto es, que no basta con incrementar nuestro Producto Interno Bruto, e invertir en transporte eficiente y energía “limpia”, si esto no se hace con el objetivo de brindar beneficio  y un mayor bien para el mayor número de personas. No hay crecimiento “verde” sin una integración social con el medio ambiente, y quien no lo conciba en su integralidad, estará sólo lucrando con el medio ambiente profundizando las brechas sociales  y las desigualdades, y ello sólo asegura una aceleración del pronóstico que auguran los científicos pero se niegan a entender los políticos. Lo anterior debe venir acompañado de un fuerte apoyo a la difusión de información, además de un claro y prioritario énfasis en la educación a todos los niveles, para promover el necesario cambio de actitud y de acción, frente a los retos que trae consigo la devastación del ambiente, del que todos somos responsables de alguna forma. La denominada economía verde, o la ola de interés de los empresarios y políticos por los aspectos ambientales, debe significar un impulso a la conciencia social, que implica, un cambio definitivo de actitud y de reconocimiento de que el mundo ya no es como antes, y de que no podemos mantener el patrón de consumo, y  de que el “sueño americano” ya no tiene cabida en este mundo. Y eso no debe significar un retroceso a la humanidad,  sino que debe verse como una oportunidad para replantear las necesidades buscando un equilibrio de los ecosistemas con el bienestar social. Hoy en día las instituciones no bastan para hacer frente a las demandas que hace el planeta, pues su visión sólo representa un segmento de la población. Las instituciones deben internalizar el problema de cambio climático, replantear sus inversiones y redefinir sus prioridades, la inversión del 90% del recurso del sector transporte no puede seguir destinado a construir carreteras, el 80% de los recursos del sector energético no pueden seguir yendo a la exploración y a la producción del petróleo. El sector privado no puede seguir en esta tendencia de crecimiento depredador, hoy el capital privado representa un porcentaje importante en el mundo, y su destino tiene que considerar aspectos sociales y ambientales, finalmente los empresarios no están exentos de sufrir lo impactos del cambio climático, pero si tienen la responsabilidad de promover la inversión y la mejora de las condiciones socio-ambientales. La ciencia y la tecnología deben avanzar en la consecución del equilibrio ambiental, no en la promoción de la profundización del problema, hoy la “innovación tecnológica” traducida en la energía nuclear y en la captura y almacenamiento de carbono son muestra del espejismo de la “superación”, un real combate al problema climático no comienza con la búsqueda de nuevos mecanismos para mantener el consumo, hoy el real combate es la reducción del consumo y la satisfacción de las necesidades, no condenando el conocimiento y aprendizaje, sino redefiniendo la interacción con el entorno. Los “pragmáticos” podrían decir que es utópico, los “radicales” que no es suficiente, pero la realidad es que ningún modelo de “economía arcoíris” -por no mencionar el color-, que no internalice los reales impactos del cambio climático, que no incluya los respetos a los derechos humanos, la equidad de género y los criterios de equilibrio socio-económico-ambiental, podrá funcionar de manera integral, es decir, tiene que considerar la escasez de los recursos, los cambios e impactos del clima en la producción, las amenazas sociales y la vulnerabilidad de comunidades, poblaciones urbanas, mujeres y hombres, el alza de los precios, y el desgaste ambiental traducido en fenómenos hidrometeorológicos hoy fuera del control humano, entre otras cosas. Entonces no hay que engañarnos, la economía verde no es incrementar la maquila de celdas solares, o producir sólo autos híbridos, y si es así, entonces la conocida economía verde, no es la solución al problema y seguimos sin querer ver la gravedad y el reto que tenemos frente a nosotros como humanidad. Aún estamos a tiempo de cambiar. Este artículo fue publicado originalmente aquí.      


[i] Hilda Solís, Profesiones Verdes en Nuestro Planeta, Revista del PNUMA Febrero 2010, p. 11.
[ii] Ibíd. P. 16.
[iv] Ibídem.
Leído 2945 veces Modificado por última vez el Martes, 10 Febrero 2015 19:34
Sandra Guzmán

Sandra Leticia Guzmán Luna cuenta con una Maestría en Política y Regulación Ambiental por la London School of Economics and Political Science (LSE), es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y es especialista en Gestión y Política Energética y Ambiental por la Facultad Latinoamérica de Ciencias Sociales, (FLACSO). Sandra tiene diversos Diplomados en temas como: Derecho Ambiental, Presupuestos Públicos con Perspectiva de Género, Finanzas Públicas y actualmente se encuentra cursando uno en materia de actividades extractivas. Actualmente coordina una red de organizaciones denominado el Grupo de Financiamiento Climático para América Latina y el Caribe (GFLAC) que tiene como objetivo promover la transparencia y efectividad en el manejo de los fondos internacionales y nacionales en materia de cambio climático. También colabora con diversas organizaciones como consultora independiente en temas como política climática, finanzas climáticas y transición energética.
En 2012 colaboró como asesora de política climática en el Programa de Desarrollo Bajo en Emisiones de México en colaboración con el Fondo Mundial para la Naturaleza WWF México. Sandra colaboró como Coordinadora de Programas en el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) de 2006 a 2011, trabajando temas como transición energética, movilidad sustentable, calidad del aire, finanzas climáticas, negociaciones internacionales en materia ambiental, marco legal y política climática, derechos humanos y medio ambiente, entre otras cosas. En 2011 Sandra fue Profesora de Política Ambiental en la Universidad del Claustro de Sor Juana y es miembro activo de redes como el Grupo de Financiamiento Climático para México del que es miembro fundador, la Red por la Transición Energética, Climate Action Network Latinoamericana, y fue entrenada en el Proyecto del Clima (Iniciativa de Al Gore) entre otras redes nacionales e internacionales.

Sandra Leticia Guzman Luna holds a Masters Degree on Environmental Policy and Regulation from the London School of Economics and Political Science, she studied International Relations at the University of Mexico (UNAM), and is a specialist in Environmental and Energy Management from the Latin-American Social Science (FLACSO). Sandra also has several Diplomas in topics such as: Environmental Law, Public Budgets with Gender Perpsective, Public Finance and currently is taking one regarding extractive activities.
Sandra is currently coordinating a group of organizations called the Climate Finance Group for Latin America and the Caribbean whose objetive is to promote transparency and effectivenes in the managment of international and national climate finance. She is also an independent consultant in topics such as climate policy, climate finance and energy transition.
In 2012 she collaborated as policy advisor for the Low Carbon Emission Development Programme in Mexico as part of the World Wildlife Fund in Mexico (WWF). Sandra collaborated as Programme Coordinator in the Mexican Center of Environmental Law (CEMDA) from 2006 to 2011, working in topics such as energy transition, sustainable transport, air quality, climate finance, environmental international negotiations, legal framework and climate policy, human rights and environment, among others.
In 2011 Sandra was a Lecturer of Environmental Policy in the Claustro´s of Sor Juana University and she is active member of networks such as the Mexican Climate Finance Group (being a founder member), the Energy Transition network in Mexico, the Climate Action Network in Latin America and was trained in the Climate Project (Al Gore´s initiative) among other national and international networks.

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