Martes, 19 Junio 2012 17:45

La colaboración entre México y Brasil en lo climático será crucial para impulsar el cambio Destacado

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Por Guy Edwards y Cody Zeger* Ahora que México es anfitrión de la Cumbre de Líderes del G20, y a continuación se celebra la Conferencia de Río+20 en el Brasil, las credenciales de ambos países en lo climático están bajo la lupa. Estos líderes regionales y mundiales han tenido poca cooperación bilateral significativa en materia del cambio climático. Sin embargo, dicha cooperación podría resultar imprescindible para lograr mayor acción sobre el cambio climático en América Latina y fuera de la región.
México y Brasil se han esforzado por mejorar sus relaciones en cuanto al comercio, seguridad, energía y biocombustibles. Sin embargo, tomando en cuenta las diferencias geográficas y las perspectivas regionales e internacionales distintas, la cooperación ha sido modesta. Parecen positivas las relaciones, pero es incuestionable la competencia entre las dos economías más grandes de América Latina, que también son las dos mayores emisoras de carbono. En los preparativos para el G20 y la Río+20 no está claro cuál cooperación hubo entre Brasil y México. Brasil sí cambió las fechas originales de Río+20 por un conflicto con el Jubileo de Diamante de la Reina Isabel II y para dar comodidad a los líderes asiáticos que asistirían a la Cumbre del G20. Con la descripción de Río+20 por el Secretario de la ONU, Ban ki-Moon, como ‘demasiado importante para que pueda fallar’ y la acción enérgica de México por el desarrollo bajo en emisiones de carbono, no es de sorprenderse que la quinta prioridad de México para el G20 incluya ‘promover el desarrollo sostenible, el crecimiento verde y la lucha contra el cambio climático’. México se ubica en la cuerda floja, en términos de diplomacia. El G20 carece de legitimidad y se lo critica por trabajar a puertas cerradas, por estar cerrado para 174 países y la sociedad civil y por ser lacayo de los mercados financieros. En cambio, la Río+20 de la ONU es considerada incluyente y altamente democrática. México habrá puesto el crecimiento verde en la agenda del G20, pero este concepto se agobia de problemas similares a las críticas dirigidas al propio G20. México requerirá practicar su equilibrismo para asegurar que el G20 complemente y mejore la probabilidad del éxito en la Río+20. La proximidad del G20 y Río+20 nos recuerda que México y Brasil tienen más en común de lo que se pensaría por su rivalidad. Siendo líderes mundiales en cuanto al clima, la competencia entre los dos países es una parte constructiva del esfuerzo por enfrentar el recalentamiento planetario y lograr el desarrollo sostenible. En las negociaciones climáticas de CMNUCC, se considera que México es un actor más bien flexible y ambicioso, dado su rol exitoso como anfitrión de la COP16, su incorporación al Diálogo de Cartagena y como proponente original del Fondo Climático Verde. Brasil puede ser demasiado conservador en cuanto al concepto de las Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas, no obstante es altamente influyente y tiene el mérito de ayudar a mantener a algunos de sus aliados de BASIC (China, India y Sudáfrica) a la raya durante las negociaciones sobre el Paquete de Durban en Bonn el mes pasado. Brasil y México han sido activos en la legislación nacional sobre el cambio climático. En el año 2009, el anterior Presidente del Brasil, Lula, puso el ejecútese a una ley que estableció la Política Nacional de Cambio Climático, que fija un objetivo voluntario nacional de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero por un 36,1 a 38,9 por ciento de las emisiones proyectadas para el año 2020. Esto incluye el objetivo de reducir los índices de deforestación en la Amazonía en un 80%. Este mes el Presidente Calderón suscribió la ley mexicana sobre el cambio climático, que incluye objetivos de reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero en un 30% para el año 2020 y en un 50% para el 2050, así como de lograr que el 35% de la energía en México provenga de fuentes renovables para el año 2024. Brasil habrá anunciado recientemente sus menores ritmos de deforestación de la historia, por una acción decidida por el Gobierno, pero tendrá que seguir superando obstáculos si ha de mantener su liderazgo en cambio climático. Una presentación por la Alianza de Pequeños Estados Isleños sugiere que los datos del 2011 del Gobierno brasileño muestran un crecimiento más rápido de lo previsto a causa de más emisiones proyectadas por la deforestación y otras fuentes, en parte por los probables cambios del Código Forestal. En materia de la energía limpia, Brasil continúa como líder mundial en su capacidad hidroeléctrica y su producción de etanol, mientras que México queda a la zaga pero está surgiendo un interés fuerte de empresas europeas interesadas en su potencial eólica y solar. Según el Climatescope 2012, Brasil se ubica en la encuesta como el ambiente más acogedor para las inversiones relacionadas con el clima en América Latina, con México en sexto lugar. México y Brasil son competidores en la carrera hacia el desarrollo resiliente y con bajas emisiones de carbono. Esta competencia es necesaria y es una fuerza constructiva para impulsar el cambio. Sin embargo, se requiere más cooperación para aprovechar mejor los atributos de estas potencias crecientes, y podrá resultar decisivo para la acción regional e internacional en materia del cambio climático y el desarrollo resiliente bajo en carbono. Ahora que ambos países presionan por un nuevo tratado mundial sobre el clima, haciendo alarde de su propia legislación climática, dependiente del financiamiento internacional y la transferencia de tecnología, la combinación de sus presiones, respaldando estas demandas, puede resultar fundamental. Compartir aprendizajes y mejores prácticas en cuanto a la energía limpia, REDD+, reducción de riesgos por desastres, adaptación y financiamiento climático también podrá figurar prominentemente. Como dijo el Presidente mexicano, Calderón, en el año 2010 refiriéndose al Brasil: “Imaginen lo que podremos lograr juntos; imaginen si nos complementamos”. Ahora, con las sesiones del G20 y la Río+20, es el momento de aprovechar el ímpetu. *Cody Zeger, Universidad de Brown
Leído 2412 veces Modificado por última vez el Miércoles, 11 Febrero 2015 17:08
Guy Edwards

Guy Edwards is a Research Fellow at the Center for Environmental Studies, Brown University, where he manages a research project on the politics of climate change in Latin America. Along with co-author, Professor Timmons Roberts, he is currently writing a book on Latin American leadership on climate change for MIT Press. He has also written various academic papers, policy briefs and op-eds for a number of different publications. As co-founder of Intercambio Climático and formerly co-editor of the website, Guy has worked closely with the Latin American Platform on Climate and the Latin American office of the Climate and Development Knowledge Network. He has also worked for the Overseas Development Institute, the consultancy River Path Associates and as the resident manager of the Huaorani Ecolodge in the Ecuadorian Amazon.

Web: twitter.com/guyedwards

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