Lunes, 05 Septiembre 2011 08:26

¿Cuáles son los desafíos de Río+20? Destacado

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Por Pedro Tarak Este artículo fue publicado originalmente en La Nación Convocado por las Naciones Unidas, se celebrará en Río de Janeiro del 4 al 7 de junio de 2012 una nueva cumbre global que reafirme el compromiso político por la sustentabilidad social, ambiental y económica del desarrollo mundial. La invitación es a repasar qué se logró y qué quedó pendiente de los compromisos asumidos veinte años atrás durante la Cumbre de la Tierra sobre Medio Ambiente y Desarrollo, también celebrada en Río en 1992. A su vez, se encararán los desafíos emergentes en un mundo que cambió profundamente en estos últimos tiempos.
No se trata de un gran acto deliberativo ni de un espacio de negociación de tratados internacionales. Más bien, será un momento de construcción de nuevos horizontes comunes. Como todo hito, puede ser histórico y relevante. Lo fue en 1992, no sólo por lo producido en el plano gubernamental global y local, sino además por lo que generó en infinitos ámbitos, tanto en la conciencia como en la organización y la acción. A un año de la próxima cumbre estamos ante el reto de convertirlo en una oportunidad o al menos de profundizar y acelerar un camino que nos permita explorar nuestro potencial de convivencia equitativa y de producción colectiva de bienes públicos globales y locales. Ello desde la diversidad de culturas e intereses locales, nacionales y sectoriales, y todos juntos expuestos a los mismos retos de adaptación a las exigencias de la Tierra y de distribución justa de sus posibilidades entre los que viven y las próximas generaciones. Semejante desafío no puede ser más estimulante para el liderazgo, nuestras culturas y los valores universales. Se trata de aprender a convivir políticamente desde una inclusión social masiva, en paz, sin lógicas de pulseada muscular, respeto por los derechos humanos y las formas de gobierno que se han dado los pueblos, y consolidación del multilateralismo como condición de toda construcción de futuros comunes globales. Esto, con un claro reconocimiento de la interdependencia ecosistémica global, la diversidad y sus singularidades, el largo plazo como imperativo, la incertidumbre como constante creciente y las reglas de la Tierra como realidad objetiva que no pueden traspasarse. En la Cumbre de 1992, se acuñó políticamente el concepto de desarrollo sostenible como aquel capaz de "satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades". También se adoptaron varios convenios marco internacionales cuya importancia política y económica sólo pueden seguir creciendo por la actualidad de los problemas que abordan: diversidad biológica, lucha contra la desertificación y cambio climático. Y finalmente se adoptaron documentos políticos que, aunque no tuvieron efectos jurídicos inmediatos, nos sirvieron como catalizadores, inspiración y referencia común a todos. Me refiero a la Declaración de Río y sus 27 principios y a la Agenda 21. La Cumbre también catalizó innumerables procesos por fuera del sistema de las Naciones Unidas. Algunos globales y muchos nacional o locales. Por ejemplo, entre los primeros, se creó el Consejo Empresario Mundial para el Desarrollo Sostenible, fundado por el empresario suizo Stephan Schmidheiny, tan instrumental para las prácticas de ecoeficiencia y triple línea de resultados (social, ambiental y económica), hoy instalado en las agendas empresariales en muchos países. También en 2000 se aprobó la Carta de la Tierra, una pieza de belleza mágica en cómo guiarnos con justicia social y respeto por la naturaleza en la construcción de futuros comunes. Pero por sobre todo la Cumbre del 92 inspiró políticas y acciones locales en un sinnúmero de latitudes. Lo que hay en común a todos es el acercamiento gradual de las agendas sociales y ambientales con las económicas. Sin embargo, los esfuerzos no alcanzaron. Hay mucho pendiente. Y lo más interesante es que lo pendiente afecta la estructura de cómo producimos, cómo consumimos y cómo nos organizamos políticamente. Es en este marco que el secretario general de las Naciones Unidas convocó la nueva Cumbre para tratar dos ejes prioritarios: el de una economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, y el del marco institucional del desarrollo sostenible. Ambos ejes dan espacio para mucha reflexión, participación, negociación y bases para horizontes nuevos. Sobre todo dan lugar para desarrollar el liderazgo en todos los sectores independientemente de su ubicación geográfica, sectorial o ideológica. Son tiempos para que las economías y las formas de hacer política sean inclusivas y ambientalmente sustentables en el largo plazo. Para concluir, Río + 20 podrá o no convertirse en un nuevo hito. Sin embargo, ya es una oportunidad histórica para transitar hacia economías y políticas basadas en la inclusión social masiva; el uso de energías renovables; la reducción, la recuperación y el reciclado de residuos; la gestión sustentable, y la restauración de ecosistemas. Al mismo tiempo, es una gran oportunidad para repensar la sustentabilidad de la política tal como la conocemos hoy, a nivel local y global, y exploremos nuevas formas de generar bienes públicos para el largo plazo. Hoy, veinte años después de aquella Cumbre de 1992, precisamos reconocer políticamente la existencia de los límites planetarios, traspasados los cuales todos perdemos, incluyendo izquierdas y derechas, Norte y Sur, ricos y pobres, generaciones actuales y futuras, empresas y organizaciones de la sociedad civil, el mundo y la Tierra. Los límites son para todos, ecosistémicos y sociales. Por ello, el éxito de todos depende de la capacidad de convivir con los otros. Río + 20 es una oportunidad para transitarlo juntos.
Leído 2784 veces Modificado por última vez el Viernes, 13 Febrero 2015 18:01

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