Domingo, 13 Febrero 2011 19:27

Hemos llegado al límite Destacado

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Transcripción libre de charla que dio Leonardo Boff en Cancún a una delegación de AVINA en diciembre de 2010 por Juan Manuel Fernández. (De izquierda a derecha: Leonardo Boff, Ramiro Fernández, Manuel Rodríguez Becerra y Tarsicio Granizo.) Vivimos en tiempos en que el entusiasmo ha caído y hay una crisis de confianza. Tiempos en que es necesario llegar a una homogeneidad de metas y consenso para salvar, no la tierra, sino la relación de los seres humanos con ella. Esa es la crisis del futuro de nuestra civilización, porque la tierra puede continuar tranquila. Pero hemos llegado al límite de la producción del sistema mundial. No es posible que tres personas tengan más ingresos que 49 países juntos. No es posible que el 20% más rico de este planeta acapare el 80% de las riquezas, y que el 20% más pobre tenga que conformarse con el 2% en sus manos. Esto, es un pecado social.
Es tiempo de ver el cambio climático con una perspectiva que mira a las víctimas del proceso, para tener un crecimiento responsable hacia un nuevo concepto de ecología social, una ecología mental, enfocada en los principios, en los valores. Hablemos de una ecología integral, esa que reconoce a la tierra dentro de la totalidad del universo, donde hay que retomar la energía cósmica interrumpida por el paradigma moderno de producción. Estamos ante un planeta empobrecido en su biodiversidad. La humanidad debe tomar una decisión: o hace una alianza global para cuidar la tierra y para cuidar los unos de los otros, o tendrá que aceptar su propia extinción. No se trata de un hecho apocalíptico, sino, científico. Como lo decía Albert Einstein: “El pensamiento que ha creado la crisis no puede ser el mismo que el que nos sacará de ella”. Los viejos dioses no acaban de morir, y los nuevos no han terminado de nacer. Una utopía necesaria Un camino de acciones viables comenzaría por luchar por regulaciones y normas comunes que preserven los bienes y servicios de la tierra y los trate de forma socialmente sostenible; que los países del sur no sean condenados a exportar materias primas o commodities, sino a incorporar tecnologías; que se exija a los países importadores reducir sus tasas de producción para que contribuyan con los países de donde importan para mantener el capital natural; y también mantener legislaciones ambientales rigurosas a quienes no respeten los principios de una economía socialmente justa, y desde luego, controlar que las metas se cumplan Pero para eso la humanidad debe llegar a principios comunes:
  • De sustentabilidad, que se opone al consumismo, un principio que mantenga la biodiversidad
  • De cuidado, que se opone al de la dominación de la naturaleza y la agresión de los ecosistemas. Una ética de cuidado donde prevalezcan todas las relaciones
  • De responsabilidad universal, que se opone al despilfarro. Hemos creado una máquina de muerte que puede destruir el mundo de 25 formas diferentes. Las consecuencias de nuestras acciones son un cohete que sigue su curso y esto es una responsabilidad universal.
  • De colaboración ilimitada, de pensar: “creo en el valor soberano del individuo, en el derecho a la libertad y a la búsqueda de la felicidad”. Pero no hemos llegado a nada porque todos somos individualistas y el problema exige cooperación planetaria. La solidaridad es la esencia del ser humano. Los problemas globales exigen cooperación
  • De comprensión, que se opone a la indiferencia para con la humanidad sufriente y la naturaleza degradada. Es ponerse en el lugar del otro. Es en el corazón donde están las pasiones, donde nace la ética; sin eso, difícilmente haremos un cambio
Esto es una utopía necesaria. La semilla que la humanidad debe seguir es la del buen vivir, del equilibrio con la madre tierra, con la energía, con los demás, con la dimensión espiritual y material y el Estado, creando esas condiciones, condiciones de una democracia sin fin. Una República mundial Y ante esto podemos tomar dos actitudes: La de una tragedia anunciada o la de una crisis de la civilización del paradigma, una crisis que te obliga a cambiar, que te hace redefinir el sentido de la vida. Hoy iniciará otra civilización, una civilización basada en valores, en principios, en sueños. Es posible que la humanidad supere esa crisis. El principio de vida es más fuerte que el de la muerte. Es más fuerte que esa falta de consenso, de valores, de ética, de misericordia, de responsabilidad. Es momento de echar mano de las virtudes de una república mundial, virtudes de hospitalidad, de convivencia, de tolerancia (donde superemos los fundamentalismos), de comensalismo. El paradigma global funcionaba bajo la suposición de que los recursos eran infinitos, pero hemos entrado en una depresión cultural donde el dios progreso se ha agotado y la humanidad busca y no encuentra a otro dios. Hoy los líderes se reúnen para salvar monedas, no para discutir el futuro de la vida. Su discurso es de competencia, no de cooperación. Y ya esto no es un discurso filosófico, esa idea de la que les hablo, la idea del “buen vivir” ahora es de un pensamiento económico impulsado por expositores como el ganador del Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. Estos pensadores ven el PIB como una idea de valor, la sociedad empieza a tener conciencia del consumo, esto es un conflicto científico de naturaleza ética. Pero hay un desencuentro. Las políticas de Estado son rehenes del viejo paradigma de desarrollo. No podemos seguir esperando a los gobiernos. Hay que globalizar la nueva conciencia: yo no puedo cambiar el mundo, pero puedo cambiar MI mundo. Es como el efecto mariposa, pero en positivo, que genere una acumulación de energía tan grande, que las mentes y los corazones unidos nos conduzcan a una paz climática, donde la humanidad se reconozca como especie y preserve su herencia. Ese, es el próximo paso de la humanidad, una gobernabilidad global, una ética planetaria, donde la riqueza está en el capital espiritual, en los valores espirituales, y cuando hablo de espiritualidad no hablo de religiones, la espiritualidad es un dato antropológico. Y para lograr eso la misión no será traer consuelo, sino traer angustia. Hemos radicalizado lo ambiental y olvidado lo social, Bush hablaba del Anticristo, pero los fundamentalismos no dan cabida a la preocupación ecológica, no podemos seguir cayendo en el “catastrofismo”… vamos a llegar a los 2 grados, con 4, las formas de vida no van a llegar a subsistir. El caos excita la imaginación, hay que actuar diferente, pensar diferente, vivir diferente, porque la situación de la tierra es diferente. Estamos ante una irreversibilidad de la historia del planeta. En cuanto a la discusión planetaria les digo: de arriba, no vendrán cambios sustanciales. El sistema mismo tiene la convicción de que hubo errores estructurales. No tenemos mucho tiempo… ni mucha sabiduría, los principios occidentales ya no garantizan un futuro. O cambiamos, o morimos. La economía mandó al limbo al planeta, y al infierno la ética, porque lo transformó todo en mercancía, sustituyéndola por valores que no tienen precio. Ahora debemos preocuparnos en cómo mantener la casa para que todos podamos vivir allí dentro, pero para ello, requerimos de una visión espiritual que trasciende las religiones y el fundamentalismo. Debemos convertirnos en portadores de esperanza, porque este planeta que vemos, no es el dolor de un moribundo, sino son dolores de parto de algo que está naciendo. Leonardo Boff es Doctor en Teología y Filosofía en la Universidad de Munich. Es autor de más de 60 libros de filosofía, antropología y mística y es Profesor de Ética, Filosofía de la Religión y Ecología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).
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