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El Salvador impulsa la adaptación para mantenerse a flote

marzo 11, 2012

Por Adam Kotin*

Cuando inundaciones devastadoras impactaron a El Salvador en octubre del 2011, se perdió el 40% de los cultivos del país. El Ministro de Agricultura, José Guillermo López Suárez, tuvo que importar de la China los frijoles típicos que se consumen a diario en el país.

Pero lamentablemente ésta no fue una experiencia nueva para esta nación centroamericana que se está desarrollando rápidamente. En una mesa redonda ante la COP17, el Ministro del Ambiente salvadoreño, Herman Rosa Chávez, analizó la serie de eventos climáticos extremos que su país ha padecido durante los últimos años.

Para El Salvador, las severas damnificaciones climáticas se han hecho casi la norma de todos los años.

Cuando su país habla sobre la adaptación climática ahora, dijo Chávez, es considerando la siguiente época lluviosa y no el futuro distante. El personal del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales siente cada vez más urgencia al tratar de confrontar los severos riesgos climáticos que amenazan a su país.

A medida que continúan las negociaciones sobre el cambio climático aquí en Durban, languidece interminablemente el debate sobre la mejor manera de ayudar a los países en vías de desarrollo a enfrentar las amenazas climáticas extremas.

Las y los delegados se quejan constantemente de la falta de atención a los temas de la adaptación. Los representantes de los países en vías de desarrollo en particular consideran que la adaptación debería recibir un tratamiento igual a las acciones de mitigación en los textos de las negociaciones. Sin embargo, continúan “a medio gas” y parece que los esfuerzos como la creación de un Comité de Adaptación y un Marco de Adaptación tienen poca probabilidad de satisfacer las expectativas de los países altamente vulnerables en vías de desarrollo.

El avance en el financiamiento de la adaptación, mediante el Fondo de Adaptación o el Fondo Climático Verde que está suspenso, sería beneficioso para los países como El Salvador que ya tienen sus planes formulados y listos para ejecutarlos.

“Tenemos muy buenos planes — concertarlos no es el problema … el asunto es financiarlos,” dijo el Ministro Chávez.

Sin embargo, pese a una falta de recursos, El Salvador sigue impulsando su agenda de adaptación. No le queda otra opción.

Con el trabajo ya adelantado en su Estrategia Nacional para el Cambio Climático, que se enfoca específicamente en los asuntos de la agricultura y el agua, el país está esforzándose por hacer que sus labores de reconstrucción aporten a largo plazo a la adaptación. Una manera de lograr esto es comprender que la salud del ecosistema es imprescindible para el éxito — o fracaso — de la infraestructura crucial.

El Ministro Chávez subrayó repetidas veces que la “infraestructura verde es infraestructura buena”.

Como ejemplo, se refirió a un puente que fue derribado una y otra vez por los fuertes oleajes del río por tempestades. Antes que simplemente reconstruir el puente más reforzado, el Gobierno ha optado por emprender en un proyecto paralelo de restauración de la cuenca hidrográfica, con la esperanza de reducir los oleajes futuros mediante una gestión saludable del ecosistema.

“No se puede construir un puente a prueba del clima – hay que trabajar en toda la cuenca”.

Todo el mundo podríamos aprender de este ejemplo.

La sinergia entre las agendas de mitigación y adaptación en El Salvador también es creativa. A más de combinar la reconstrucción con la adaptación, El Salvador está impulsando el concepto de la “mitigación en base a la adaptación” mediante su programa REDD+. Citando el desarrollo agroforestal como “nuestra mejor apuesta”, el Ministro detalló los beneficios adaptativos de integrar la cobertura arbórea con los cultivos y la ganadería. Antes que comenzar con un énfasis en la mitigación, las/ los funcionarios han trabajado por reducciones en las emisiones de carbono, a la vez que arraigan los proyectos en sus permanentes esfuerzos por mejorar la resiliencia climática. Claramente, es una apuesta que ganarán ambas partes.

Siendo uno de los diez países más vulnerables al cambio climático, y uno de tres sólo en América Central, El Salvador tiene mucho que hacer para resguardar a su economía y su pueblo de los crecientes riesgos climáticos. Pero con un enfoque tan innovador e integral hacia la adaptación, se puede esperar que la nación pueda mantenerse “a flote” hasta que, al final, el mundo proporcione los recursos que tanta falta le hacen.

*Investigador, Universidad de Brown, EE.UU.

 

 

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